sábado, 3 de septiembre de 2016

Lecturas de verano: 1Q84 de Haruki Murakami

Como ya he comentado alguna vez, en Atendiendo a Razones con Murakami pasa lo mismo que en el pueblo de Amanece que no es poco con Faulkner, que hay verdadera devoción. Es por este motivo que a la hora de elegir lecturas de verano, en lugar de decantarme como hace la mayoría por algo ligerito que te puedas llevar a la playa, escogí las alrededor de 1.200 páginas de 1Q84.

Ésta es la, hasta el momento, penúltima novela del escritor japonés, publicada entre los años 2009 y 2010 en su país natal y traducida al castellano por Tusquets Editores en 2011. El motivo de que en Japón se publicara a lo largo de dos años es que la obra, debido a su tamaño, fue dividida en tres volúmenes.

El título 1Q84 es un juego de palabras japonés basado en que en el idioma nipón el número 9 y la letra Q son homófonos. El motivo de esta elección es que la acción está ambientada en el Japón de aquel año, pero lejos de lo que se pueda pensar a primera vista el libro no es un homenaje al 1984 de George Orwell. Los que están familiarizados con la obra de Murakami saben que la política es un tema en el que el autor no suele prodigarse.

Pero si hubiera que elegir un libro en el que pudiera estar basado o hacer referencia 1Q84 ese sería Alicia en el país de las maravillas. El motivo es que los protagonistas de la historia caen sin darse cuenta por un "agujero de conejo" y acaban en un mundo casi idéntico al original, aunque con importantes diferencias. Y es en éste donde Murakami da rienda suelta a los toques fantásticos que suelen poblar sus historias.

Junto a la fantasía, en 1Q84 se encuentran presentes todos los elementos habituales de la bibliografía de Murakami y que conforman su estilo. Personajes solitarios que arrastran graves traumas de su pasado pero que a pesar de todo buscan el amor y cuyas emociones y relaciones son analizadas en profundidad y con detalle a lo largo de la trama. Y además, cuenta con la habitual dosis de referencias culturales en las que se plasman los enciclopédicos conocimientos del autor.

La principal diferencia dentro del análisis de los personajes respecto a otras obras de Murakami es que en 1Q84 se da una mayor importancia, o se presta más atención, a la vida sexual de los mismos. Pero esto no quiere decir que estemos ante una novela erótica. El autor expone los actos carnales con la sofisticación que le suele caracterizar y con un cierto desapasionamiento, simplemente exponiendo los hechos como si de cualquier otro tema se tratara.

El principal atractivo y a la vez principal talón de Aquiles de la obra es su compleja trama. 1Q84, aparte de ser tres libros alberga dos historias, o mejor dicho una historia desde dos puntos de vista. La novela tiene dos personajes principales: uno masculino, Tengo Kawana, y uno femenino, Masami Aomame, y cada capítulo está narrado desde el punto de vista de uno de los dos.


Esta alternancia y el no saber qué une a ambos personajes, si es que algo les une, es lo que atrapa en la lectura. El problema es que en algunos pasajes, debido a la dificultad del planteamiento, da la impresión de que algunos capítulos son sólo relleno para esperar a la otra trama. Con todo el conjunto es satisfactorio y no defraudará a los seguidores experimentados de Murakami aunque para los neófitos quizá sea más
recomendable comenzar por otra obra.

domingo, 12 de junio de 2016

En las películas encuentro libros | El día en el que Capote y Bukowski charlaron en Zaragoza

¿Qué ocurriría si la flama de Truman Capote se encontrase con la lengua afilada de Charles Bukowski? ¿Y si ambos se encontrasen en el infierno?

Esta es la novela inacabada -no empezada- del protagonista de 'Nuestros Amantes' la última película de Miguel Ángel Lamata. Una comedia que inspira el comienzo de esta sección y que dispara al espectador referencias literarias durante todo el film. 

El director nos invita a un paseo por Zaragoza acompañando a un desilusionado guionista de películas de baja calidad -y gran éxito- y a una joven filóloga que no encuentra su lugar ni en la vida ni en el amor. 

Mientras andamos con ellos van apareciendo autores y novelas. Decenas de referencias que el espectador amante de la literatura cogerá al vuelo y otras en las que hay que rascar para encontrar el guiño en un guion lleno de amor por los libros. 


Durante toda la película, Capote y Bukowski son convidados de piedra, pero también celestinos (en una maravillosa escena nocturna en el parque) de una historia de amor diferente, sesuda, atractiva y autodestructiva. 

Lamata hace referencias de la cultura pop y la literatura con dejes de Woody Allen o Hornby y su 'Alta fidelidad' que el espectador cansado de películas ñoñas y sin fondo agradecerá. 

Durante el film se nombra a autores tan dispares como Stephen King, Chesterton, Oscar Wilde, Shakespeare o los ya mencionados Capote y Bukowski.(incluso hay un cameo de Espido Freire).

 Estas referencias no son un arrebato de Lamata (director de comedias más 'mainstream' como 'Isi Disi' o 'Una de zombis') sino un guión trabajado y mimado junto a la escritora Vanessa Montfort para realizar un cine con gusto, diferente y -en algunas ocasiones- preciosista. 


Los libros no son más que un ingrediente más en la historia de amor. Un lugar común entre los protagonistas, una tragedia de Shakaspeare huyendo de la pastelosidad de Paolo Coelho y terminando con el Capote más realista y el Bukowski más gamberro y cínico. 

Un pedante poeta como antagonista, una Penélope de la 'La Odisea' como artífice y dos amantes de la literatura como núcleo central de la historia. Esto es lo que encontramos en 'Nuestros amantes'. 

"¿Cuál es tu libro favorito?", pregunta el personaje de Eduardo Noriega a los ojos azules de Michelle Jenner. "¿Sólo uno?", responde. "Te podría hacer una lista... no sé, de diez", continua.
Aquí están los libros favoritos de 'Hada chalada'. Un chica que entra a un chico en un bar y le dice: "¿Jugamos?". 


lunes, 30 de mayo de 2016

Cuando el bosque no deja ver los árboles

El principal problema que me ha causado la lectura de Generación Hip Hop es que yo lo compré pensando más en "Hip Hop" y el escritor lo hizo más pensando en "generación".

El objetivo de Jeff Chang, el autor del libro, era hacer una radiografía de la generación que vivió los años del ascenso del Hip Hop como género musical de gran influencia artística y social. Los problemas comienzan porque, a pesar de la innegable influencia de este estilo, no fue un hecho de una trascendencia tal que marcara y definiera a toda una generación. Además, resulta contradictorio que el propio Chang defina en el prólogo a las generaciones como formas de imponer narrativas y ,aunque útiles, ficciones al fin y al cabo.

Lo bueno, y lo malo, de Generación Hip Hop es la gran cantidad de trasfondo histórico y social que hay entre sus páginas. Lo contrario habría sido un error total al tratarse de un estilo con una carga social tan marcada como ha sido el Hip Hop. Pero al contrario de lo que se suele decir aquí es el bosque el que no deja ver los árboles. Son necesarias más de cien páginas, de las seiscientas en total, para empezar a ver las palabras "turntable", "breaks" o algo concretamente ligado al género musical.

El marco temporal que cubre Generación Hip Hop se remonta a finales de los años 40 con la construcción de la Cross Bronx Expressway. Pasa por la Jamaica de los años 60 y 70 y alcanza algunos hechos de finales de la década de los años 90 del pasado siglo. A pesar de esta amplitud el grueso de lo narrado se concentra en quince años, los que van de 1977 a 1992. Estos representan los años que van de su nacimiento a su consolidación como género de masas. Pero incluso dentro de este periodo hasta mediados de los años 80 el estilo fue muy minoritario y fuertemente ligado a minorías étnicas, no al conjunto de la sociedad. Otra dificultad más para usarlo como definitorio de una generación, al menos en aquella época.

El objetivo está demasiado abierto y así en el campo de mira se cuelan diversos movimientos sociales o varias protestas cuya relación con el Hip Hop no pasaría más que de ser tangencial en el mejor de los casos. Pero por otra parte, debido a la excesiva importancia que se le da a hechos periféricos, el campo de mira es muy estrecho en otros. Por ejemplo, en el geográfico apenas aparece nada que no ocurriera en las ciudades de Nueva york o Los Ángeles. En el artístico sólo cuatro músicos o bandas que reciban un tratamiento realmente a fondo: Dj Kool, Afrika Bambaataa, Public Enemy y NWA. En cambio otros como Cypress Hill, quizá el grupo de Hip Hop latino más importante de la historia, son despachados en un sólo párrafo.


Quizá el problema de Chang es que su devoción por el género le lleve a idealizarlo, tanto en influencia como en la calidad de los valores que en muchos casos transmite. Y puede que al final sólo sea que en el Hip Hop, aún con su diversidad interna, la visión que acabara predominando fuera la de Wu-Tang Clan en su canción C.A.S.H. (Cash Rules Everything Around Me).

martes, 5 de abril de 2016

Matando a Patrick Bateman

Las pasadas navidades tuve la suerte de cruzarme en una visita a Pamplona con una librería de la cadena Re-Read. Esta marca se especializa en la compra-venta de libros de segunda mano a precios que resultan muy asequibles para estos tiempos de crisis en los que la recuperación no acaba de llegar. Y poco tiempo después descubrí el establecimiento quetienen en Zaragoza, donde encontré el libro sobre el que trata este texto: Lunar Park.

Este libro, publicado en 2005, fue escrito por uno de mis autores contemporáneos favoritos, el estadounidense Bret Easton Ellis. Ellis lleva más de tres décadas describiendo cierto estilo de vida decadente de la clase alta estadounidense, aunque éste podría extenderse más o menos a la del resto de países de Occidente.

Una de las principales características de Ellis es su forma de expresarse sin paños calientes. En Lunar Park define Menos que cero (su primera novela publicada en 1985 y que le lanzó a la fama) como: "las vacaciones de Navidad en Los Ángeles -en concreto, Beverly Hills- de un estudiante de una universidad del este, rico, alienado y de sexualidad ambigua, y todas las fiestas a las que acudía, las drogas que consumía, los chicos y las chicas con los que se acostaba y los amigos a los que contemplaba impasible caer en la adicción, la prostitución o la apatía". (Recomendación extra. No ver la pésima adaptación al cine).

Este arranque de honestidad brutal se justifica porque Lunar Park tiene bastante de exorcismo de los propios demonios del autor. Éste es el momento en el que Ellis se detiene para hacer balance y echa la vista atrás sobre dos décadas de desenfreno. Y también sobre una obra que había tenido una fuerte carga autobiográfica, especialmente marcada por la mala relación que mantuvo con su padre.

El método elegido por el Ellis para tratar sus heridas es situarse a sí mismo como protagonista de la trama. Y para acompañarle se inventa una familia con la que intenta mantener una relación estable, lo cuál no es fácil para una persona habituada a años de autodestrucción, aislamiento y fuertes deficiencias emocionales. Pero el proceso familiar es acompañado por componentes fantásticos que, en otro de los puntos fuertes de Ellis, no acaban de dejar claros los límites de la realidad de sus obras.

Debido a todo este componente restrospectivo, antes de adentrarse en Lunar Park es recomendable conocer la obra previa de Bret Easton Ellis. De otro modo puede que abundantes referencias no resulten totalmente comprendidas. Dos obras previas son citadas en especial, la ya citada Menos que cero y también American Psycho. De ésta última resalta la larga sombra que su protagonista, el oscuro ejecutivo asesino en serie Patrick Bateman, ha mantenido a lo largo de la obra de Ellis como encarnación de lo peor que el escritor alberga en su interior. (Recomendación extra. Ver la excelente adaptación al cine protagonizada magistralmente por Christian Bale).

Pero el principal fuerte de Lunar Park son sus personajes. Estos conforman un cuadro de personalidades penosas, egoistas y aisladas entre sí que dan una imagen muy preocupante de la sociedad occidental contemporánea. Pero, a pesar de lo anterior, siempre he considerado que el mérito del autor reside en que, a pesar de lo despreciables que puedan ser, dota a sus personajes de un patetismo que acaba moviendo a la compasión hacia ellos y a un mínimo de empatía. Eso, junto a la excelente escritura, es lo que consigue que Lunar Park sea una lectura recomendable, estimulante y un poco inquietante. Como casi todas las de Bret Easton Ellis.
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