jueves, 10 de junio de 2010

El mundo onírico de Mari (Reseña de "'After Dark'.- Haruki Murakami)


Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

Cuando uno duerme el mundo no se detiene. Ni el real ni el onírico. Es así, es una realidad en la que no reparamos cuando estamos entre sábanas.

Esta realidad la retrata con la magia que nos tiene acostumbrados Murakami. Eri duerme en su cama. Está como sin vida, pero respira. Tan sólo duerme. Lleva así dos meses. Mientras tanto en una cafetería su hermana Mari pasa su noche enfrascada en la lectura de un libro hasta que Takahashi aparece. Un personaje más. Un añadido para la maraña de personas que nos tiene preparada el escritor entre las páginas de su breve novela.

Conversaciones en una cafetería casi vacía, en un banco observado por gatos pacientes que miran con ojos de complicidad. Conversaciones superfluas que poco a poco se van convirtiendo en declaraciones de principios, en temas trascendentales sin que el lector se percate de en que momento una conversación sobre el menú del bar se ha convertido en el afloramiento de secretos personales. No lo se. Aun no me explico como poco a poco Murakami consigue llevarte de la cosa más material e insignificante a un tema profundo. Sin alardes literarios, sin necesidad de efectos especiales. Sólo pregunta respuesta. Simple. Eficaz. Sorprendente.

Paseos por calles iluminadas por neones de los llamados lovehotel. Un lovehotel llamado Alphaville donde su empleada tiene un pasado del que huye. Tiene algo detrás que el lector quiere indagar, saber el porqué, pero no lo conseguirá porque su pasado desconocido tan solo es una pieza más de la novela. Una prostituta maltratada en su hotel le saca a escena, igual que al matratador, pero sólo es un personaje eventual que se cruza en el camino de Mari, otro más del que bien se podría escribir una novela.

Mientras Eri duerme. Sueña con otro sitio. Un sitio tenebroso, sin salida.

La novela queda inconclusa o eso parece. Después de conocer a Mari. Sus sentimientos, sus miedos, el porqué de sus acciones, la novela se acaba. Sin saber que ocurre. Este final acertado o desacertado hace que el espectador recuerde la novela con el regustillo de haber conocido a los personajes, porque al fin y al cabo no es más que eso.

Los personajes, lo que les ocurre entre la una y las siete de la mañana. Lo que sucede ahí fuera, mientra tu y yo dormimos y hay gente noctambula, sola o acompañada, que mantiene conversaciones, que se conocen, que se entiende. Historias que bien podrían ocurrir a la luz del día, pero que tal vez las características no fuesen las mismas. Algo tiene la noche que asusta, pero este miedo hace a las personas más trasparentes, ser uno mismo.

Una novela más de un maestro literario. Una razón más para leer otro libro de Murakami. Personajes que recordarás. No por su belleza, dudo que sea por su heroicidad. Pero no se irán de tu memoria porque te han contado como son, a donde van y de donde vienen. Se han convertido en un ser conocido.

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