domingo, 8 de enero de 2012

The Artist y el porqué del cine

Hipnótica. Una muestra más de que el cine no vive de remakes. Una película de esas que el paladar mantiene el sabor del buen cine.

No es fácil, no nos engañemos, hacer que la actriz, como la chica mona que es, conquiste a todo aquel Don Juan de artificio que se sienta en la butaca, ni que el verdadero Don Juan con ayuda de un canino simpático sea capaz de arrebatarle una sonrisa a la dura chica resabida de la tercera fila. No es fácil. 

Y si todo esto se hace sin voz, sin color, y sin explosiones...¿qué me dicen?

Algo más de hora y media de cine. 100 minutos. Una historia sobre la caída de un orgulloso, del triunfo de una mujer con un sueño. La cima en ambos lados, en la subida y en la bajada.


Película en la que no tocas las palomitas. Bastante tiene el espectador con amar a Peppy y al perro. A la chica del lunar y al simpático animal. En el camino George Valentin se dará cuenta que el orgullo pasó de moda. Que no todas las mujeres son malas y que el talento no sabe de caciques, de innovaciones, ni del tiempo. El talento transciende a las épocas. 

'The artist' hace que  Woody Allen lloré porque el diálogo no es necesario, que Tarantino busque una solución para la falta de sangre y que Spielberg  se de cabezazos contra el arca perdida mientras guarda sus efectos especiales. Porque el cine, volvió al blanco y negro, a la gesticulación, al silencio.... ¡y cómo volvió!


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