sábado, 31 de marzo de 2012

La soledad del artista (Reseña de 'El mapa y el territorio.- Michel Hoeullebecq)

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

Llegué a esta novela gracias a la fama de provocador e irreverente de su autor Michel Hoeullebecq. Por recomendación de muchos usuarios de Ábrete Libro y de mi amigo Luis Royo decidí leerla. Habían leído sus anteriores novelas y estaban fascinados por la pluma ácida del francés. Después de investigar por internet y ver su polémica tras la publicación de esta novela con Wikipedia y con asociaciones islámicas, en una obra anterior, decidí meterle mano. 

'El mapa y el territorio'
Autor: Michel Houellebecq
Editorial: Anagrama
La historia cuenta la vida de un artista que vive por y para su obra. Siempre fue así, desde que pintaba las flores del jardín cuando era un niño hasta su edad adulta. Nunca necesitó nada más. Novias esporádicas, mala relación con su padre y un pasado traumático por la muerte de su progenitora no era suficiente para cuidar su relación con el resto del mundo. Desasosiego, soledad y algo enfado con la vida. 

En la primera mitad de la novela llegas a conocer los sentimientos de Jed Martin. Como destruye una de sus obra más ambiciosas porque está harto de hecer lo que hace. Ves como empieza a ser reconocido por hacer fotos para la guía Michelín y más tarde se convierte en un artista multimillonario pintando a personas ejerciendo su oficio o a grandes personalidades como Steve Jobs o Bill Gates. Mientras mayor es su éxito más solo está en este mundo. Y no es porque no tenga amigos ni novia, simplemente no le interesa. Jed deja marchar a una rusa preciosa con la que compartía el amor por el arte y rompe los lazos con todo aquel que quiere echarle una mano. Incluyendo a Michel Houellebecq que en un acto de egocentrismo, ironía o licencia literaria se crea como personaje de la novela

Entre tanto, mientras ahonda en la soledad voluntaria de su protagonista, Hoeullebecq muestra una Francia 'desafrancesada'. Donde los rusos, chinos, ingleses, alemanes o americanos toman protagonismo con su turismo, sus inversiones y sus inventos. El dinero llega de Europa a una Francia que pierde los valores y que decide adaptarse a los nuevos tiempos para satisfacer a extranjeros. El cambio de los tiempos. El autor crítica una nueva sociedad mientras que habla de arte, de tecnología y de gastronomía. De hoteles y de coches. Por eso, a esta altura de la obra el lector está expectante. Quiere saber más de la soledad de Jed y de la de Francia.  (Tal vez sea de ayuda avisar que todo aquel lector que no esté familiarizado con el país galo ni con el arte, deberá tomarse con paciencia la lectura de la obra, ya que las referencias son continuas y llega a desesperar a los no iniciados, como me sucedió a mi en gran parte.)

Ya estás en sus manos, con ganas de saber como continua la relación entre Jed y Houellebecq, sus tiras y aflojas con su progenitor e incluso el devenir de su obra. Y es entonces, cuando te tiene atrapado después de leer las dos primeras partes del libro, cuando el autor te desorienta, te pierde y no da respuestas a las preguntas del lector. 

Convierte la historia en una especie de novela negra donde Jed pierde protagonismo para dejar el espacio al robo de uno de sus cuadros. Justo en el momento que querías saber si se reconciliaba con su padre, con su novia y con el mundo. No lo sabremos. El final abre una puerta al futuro artístico del autor, pero no cierra las respuestas del lector. 

Supongo que la obra será más profunda de lo que yo he comprendido. He leído opiniones y reseñas, que le dan más valor ensayístico. Yo lo vi en parte, pero el autor no cerró el circulo. Ni de las ideas que expone ni con los sentimientos más profundos del protagonista, aunque es cierto que en la última parte Jed se reconcilia algo con el mundo que está cambiando.

A pesar de mis peros, creo que leeré algo más del autor. Supongo que para comprender algo más esta obra o porque su forma de narrar, su ironía y su capacidad para analizar la sociedad me ha conquistado, a pesar del desengaño de las 60-70 páginas finales de 'El mapa y el territorio'

Novela bien escrita, pero en mi opinión destrozada en su tercera parte. El autor podría haber dejado en el desasosiego más absoluto al lector finalizándola al concluir el segundo de sus bloques. Sin dar respuestas, dejándolo a la imaginación de quien lee. O tal vez incluyendo el final de la relación padre e hijo. Pero el 'pegote' policial destroza una buena obra. Una lástima.

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