domingo, 6 de mayo de 2012

Pulp castizo (Reseña de 'A timba abierta'.- Óscar Urra)


Luis Royo Antín (@luisroyoantin)

Un maduro perdedor -en su rol de policía o detective- y un muerto -con una trama por desvelar- son los elementos por antonomasia de la novela negra. Con ambos ingredientes casi cualquier escritor más o menos ducho es capaz de armar una historia legible y amena que incluso puede llegar a vender millones de ejemplares en todo el mundo. Por contra, lo realmente complicado dentro de este género, de moda y saturado de títulos, es aportar novedades en estilo narrativo, personajes, escenarios y lo que haga falta, sin límites. Ésta es la exigencia del lector gourmet de género policial frente a la del resto: originalidad. Ahí es nada. 

'A timba abierta'
Autor: Óscar Urra
Editorial: Salto de Página
La radiografía del protagonista de 'A timba abierta', el estreno literario del escritor Óscar Urra, huye del investigador mediterráneo, así como del 'Hammet-Chandler' y del 'Larsson-Mankell'. Julio Cabria es un detective ludópata, separado, que fuma Ducados. Vive en uno de los compartimentos del corazón de Madrid donde los latidos se aceleran: Tirso de Molina y alrededores. Un hábitat perfecto para participar en timbas clandestinas en las que el detective apuesta incluso el dinero que reserva para que su hija, a la que ni ve ni llama, se independice. Cabria también frecuenta un bar protagonizado por un camarero, unos clientes y una estética que bien pueden hallarse en cualquier barrio clásico de España y, por supuesto, en el que se ambienta la novela. 

'A timba abierta' es, además de una trama policial, una guía de viajes por el Madrid más castizo, más canalla, más resacoso, menos monumental o comercial, y a la vez más curioso. Es un itinerario por el Madrid de los punkies que venden libros y propaganda en la calle, de los Donner Kebab, de los hombres que conversan en los bares sobre las parcelas más anodinas de nuestras vidas, de los edificios que recuerdan la existencia anterior de viejos cines y antiguas redacciones de periódicos pobladas de ruidosas máquinas de escribir. 

Además del protagonista, los principales guías en este trepidante recorrido son: un salvaje policía en sus métodos de trabajo que debe demostrar a su jefe méritos para evitar salir del Cuerpo; un flacuchón llamado Vitriolo -dedicado en cuerpo y alma a escuchar informaciones en los lugares más concurridos del barrio para luego vendérselas al mejor postor- y El Botines, un viejo mafioso que, bastón de marfil y secuaces en mano, rebosa de popularidad en el barrio. 

Desde la primera página, 'A timba abierta', agarra al lector de la mano para correr, casi a ritmo de sprinter, por los escenarios de la trama. En los primeros compases de la novela, Urra ya avisa al lector de lo extremo que en lo sucesivo puede tornarse la historia. Ésta arranca con un Cabria desesperado, a punto de estampar su cuerpo desde la azotea de su oficina hasta una calle que “le llama” a despojarse de un plumazo de toda su vida. El Botines interrumpe el delicado momento. Desea que Cabria encuentre a Pandora, una mujer italiana perdida por el barrio y que, al parecer, contiene una valiosa información. 

A partir de ese momento, el detective comienza a trabajar a su manera, entre cubata y cubata, apuesta y apuesta, lío y lío. La ironía que envuelve los diálogos del texto -sobre todo en las conversaciones que Cabria mantiene con su hermano (cura) en un confesionario- y el humor negro del que también se impregnan con suma sutileza constituyen dos buenos frenos a los que agarrarse de vez en cuando en este frenético viaje de 153 páginas salpicadas de acción, pulp, sangre, hombres amordazados sobre sillas y bajo amenazas, delincuentes organizados y personajes que se cuelan en lugares que pasan desapercibidos en la vorágine del Madrid actual. El resultado es una novela negra a la española que no cae ni en la zafiedad ni en la cutrez que se le podría presuponer. Es divertida y es castiza, a mucha honra.

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