martes, 4 de septiembre de 2012

Conociendo a Cabria (Reseña de ‘Impar y rojo’ .- Óscar Urra)

Luis Royo Antín (@luisroyoantin)

La primera novela de Óscar Urra, ‘A timba abierta’, irrumpió en el género negro con maestría literaria, notable éxito de público y personajes, lugares y tramas poco recurrentes entre los escritores más ilustres y/o de moda del país hasta la fecha. Ante semejante derroche de novedades, el detective de la obra con la que el madrileño debutó, Julio Cabria, pedía a gritos una continuación que diera más cancha a sus peripecias. Finalmente, surgió un trío de novelas con un Madrid desenfadado como escenario -Tirso de Molina y alrededores-, un ludópata de timbas como protagonista y un estilo literario a camino entre lo poético, lo irónico y lo canalla, casi rozando una combinación con las dosis adecuadas de cada uno de los ingredientes.

'Impar y rojo'
Autor: Óscar Urra
Editorial: Salto de Página
El segundo de los libros de la saga, ‘Impar y rojo’, tiene un papel especial al ser la novela de ‘transición’, la que es capaz de hacer que, al llegar a la última página, el lector opte por desenfundar el tercer tomo o por, en su defecto, bajarse del barco y abandonar la serie jurándose no volver a leer ni un solo texto que tenga a Julio Cabria como protagonista. Las segundas partes, y más en novela negra, tienen ese punto de emoción tan decisivo y exigente para el escritor: lograr enganchar a los lectores o morir. Una de dos. 

Desgraciadamente, en ‘Impar y rojo’ no podemos disfrutar de una historia en exceso diferente a la que ya nos han contado en otros libros y películas. En este episodio, Cabria debe investigar a un asesino en serie que deja naipes sobre cada uno de los cuerpos de sus víctimas. Un hilo argumental que a ojos de muchos lectores no pasará al rango de novedoso o sorprendente. 

El gran valor de la novela, en cambio, recae en la faceta más personal del detective. Si en la primera apenas aparecían menciones a su vida privada y a su parte más sentimental, en ‘Impar y rojo’ podemos conocer más en profundidad a Cabria. 

Esta vez, su hija -un personaje que ya deja entrever mucho juego en la novela de apertura de la serie- tiene un mayor protagonismo. Las emociones salen a relucir cuando juntos, al ritmo de Extremoduro sonando en el equipo musical del coche y al calor de unas conversaciones de veinteañera a perdedor, acuden a un chalet en las afueras de Madrid a investigar uno de los asesinatos. En el otro extremo de la familia, su hermano –un cura que tiene ciertos vínculos con las drogas- centra otras escenas en las que los sentimientos de Cabria no se quedan dentro y afloran con cierta valentía. Además, por si fuera poco, el amor tiene una cabida estelar en la novela, gracias a uno de los personajes de ‘A timba abierta’, Nadia, que reaparece en esta segunda entrega con mucho que decir. 

Aunque la trama podría haber contado con mayor complejidad, todos los aspectos personales ayudan a perfilar todavía más al protagonista y a abrir suficiente el apetito para la tercera y hasta ahora último cartucho de la serie: ‘Bacarrá’

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