lunes, 10 de septiembre de 2012

El gol como rima (Reseña de 'Un balón envenenado. Poesía y fútbol' VV.AA.)

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

El amor y el desamor necesitan de musas. En el fútbol, los sinónimos más próximos son la victoria y la derrota, y los hombres vestidos de corto las musas más despampanantes. Y es que en el fútbol también hay espacio para la poesía, o la poesía tiene un buen lugar de inspiración en las pasiones que provoca, siempre tan similares al amor.

'Un balón envenenado'
VV.AA
Editorial: Visor de Poesía
'Un balón envenenado. Poesía y fútbol' enseña la parte más futbolera de grandes poetas y escritores. Conmemorando la publicación del su libro 800, la editorial Visor ha abordado el fútbol como materia poética con la selección del poeta Luis Garcia Montero y del editor Chus Visor para la causa.

El que escribe no es aficionado a leer poesía. No por falta de interés sino de tradición. Sin embargo, la temática futbolera agrada a un periodista que escribe sobre si la pelotita entra o deja de entrar todos los días. El acercamiento fue agradable. Tal vez, el prólogo en forma de ensayo y los textos más cerca del gol que de las declaraciones de ideas, ideología o amor consiguieron su objetivo.

250 páginas en las que Alberti, Celaya, Galeano, Benedetti, Miguel Hernández, Gerardo Diego e incluso Sabina se reúnen para hablar de fútbol. Para elevarlo a los altares, para recordar tardes de tierra, balones artesanales y porterías medidas con mochilas y cazadoras como palos y la necesidad de una asamblea para llegar al acuerdo de que altura tendrá el travesaño imaginario.

Piezas poéticas sobre Pelé, Maradona, Puskas o Messi. Auténticas odas de amor a Platko (curiosidad del Alberti menos ortodoxo) y lamentos arbitrales nunca mejor expresados.

Una antología elegida por aquel que vive el fútbol y que sabe que significa asistir a un estadio para ver perder a tu equipo. Bajar las escaleras que dan acceso a las gradas con la certeza de que el corazón roto deberá recuperarse para el domingo siguiente. Salir a la calle, bufanda al cuello soñando con los goles anotados, y los fallados. Y al llegar a casa -en un arrebato tan insensato como suicida- poner la televisión para seguir viendo fútbol.

Porque aunque parezca un deporte de caballeros practicado por villanos, tiene algo. Tal vez no siempre preciosista ni dramático. Pero tan solo hay que leer a grandes poetas de nuestro tiempo para entender que -fuera del hastío provocado por los Madrid-Barça - hay una pasión inexplicable (como en el amor), una necesidad irresistible de verlo (como en al amor) y una gran alegría cuando triunfa el amor (o tu equipo mete gol).  

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