lunes, 24 de septiembre de 2012

ESPECIAL KEN FOLLETT | Follett y el equilibrio clave (Introducción a las novelas históricas de Ken Follet)

Aprovechando la publicación de 'El invierno del mundo' desde Atendiendo a Razones queremos realizar un especial sobre Ken Follett y su obra. Estos reportajes y reseñas irán apareciendo en las próximas semanas. Esperamos que sean de su agrado y que de esta forma puedan conocer mejor a uno de los autores de best sellers más prolíficos del mundo. 

Javier Allué (@javiallulli)

Escribir literatura del género de la novela histórica supone siempre afrontar un dilema ante el folio en blanco: ¿dónde dejar atrás la mera relación de los hechos y comenzar a hilvanar una historia propia? Muchos escritores se pierden sin encontrar el término medio, por lo que, o bien la “novela” se convierte casi en un instructivo libro de texto sobre una época determinada de nuestra Historia, o bien torna en un hiriente lanzamiento de cualquier casual coincidencia con la realidad por la ventana. 

Tal vez para mitigar ambas situaciones, los autores incluyen justificantes en sus prólogos y advertencias sobre el grado de veracidad de sus historias y relatos. Estos justificantes, para mí, son innecesarios. ¿Es acaso el escritor un mero relator de sucesos históricos, a la usanza de un profesor? ¿Busca el lector sólo eso cuando abre las páginas de una novela? En mi opinión, el artista es un relator de historias, verídicas o no, para las que puede apoyarse o no en un marco o en retazos de realidad para enmarcar al lector. Es un pacto tácito entre ambos, autor y escritor: uno admite haber utilizado la realidad para situar a sus personajes y argumento (algo inevitable) y el otro admite que ni existió Moby Dick, ni la Tierra Media, y que todo lo que se escriba sobre los Iluminati o el Área 51 son meras especulaciones que le permiten sentarse en el sillón, sonreír y disfrutar de una historia.

Ken Follett en en el pueblo viejo de Belchite

Desde nuestros primeros pasos en este planeta fuimos contadores de historias. Antes incluso de saber escribir, cuando el Homo Sapiens hoyaba la tierra por primera vez, plasmamos en las paredes de las cuevas historias, representaciones de hechos sucedidos justo al lado de símbolos cuyo propósito, suponemos, era religioso, ritual o de cohesión. Es decir, símbolos históricos junto a otros 'fantásticos'. ¿Por qué ahora, miles de años después, tenemos pues que criticar una capacidad consustancial del ser humano? Es natural en nosotros desde que hemos tenido la capacidad de comunicarnos con otros, de usar lenguajes, el hecho de comunicar historias. Fueran reales o no. 

Sin embargo, sí es cierto que es necesario encontrar un equilibrio entre el contexto de una obra y su argumento, de forma que ambos se complementen y enriquezcan. Así, hay escritores que escogen un hecho histórico, verídico, y lo retuercen según sus intereses para conseguir algo impactante y novedoso, como Dan Brown y su celebérrimo 'Código Da Vinci'. Otros, en cambio, tal vez temerosos de incurrir en la falta de la inexactitud y la ira de los historiadores, supeditan aquello que tienen que contar a todo lo demás (y me permitiré, en este caso, citar una de las últimas obras de Pérez Reverte, 'El asedio'). Ninguna de las dos fórmulas se ha demostrado capaz de contentar a propios y extraños. Y, rompiendo una lanza en favor de aquél al que se refiere este artículo, hay que decir que el que más se acerca a dar con la tecla es, sin duda, el inesperado Ken Follett. No escribía novela histórica, ni necesitaba escribir una historia como la que escribió. Pero lo hizo, y en ella consiguió embeberse de la fascinante Edad Media inglesa, sus costumbres, personajes principales, sociedad, política y economía, para después utilizar ese telón de fondo para orquestar su relato. 

Follet no persigue relatar una historia verídica ni se obsesiona por los detalles, y así consigue ambientarnos en un universo y momentos concretos sin que nos importe lo que éstos afecten a la historia: son su soporte, funcionan con ella y la complementan. En esto, sin duda, Ken Follet buscó y encontró la tecla. Y lo hizo a la primera.

4 comentarios:

  1. A mí, para ser sincero, no me gustó Los pilares de la Tierra. Creo que es un libro que ha funcionado bien gracias al boca a boca; el típico que regales porque "has oído que es bueno". No sé si dio con la tecla correcta, pero se ha llenado los bolsillos a base de bien.

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  2. No sé cómo serán sus novelas históricas, pero Papel Moneda, la única que me he leído de Follet, es terrible. El libro es un prodigio de fallos gramaticales y penosa prosa.

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  3. Es el gran problema de Follet. Es un guionista de películas metido a escritor... sus historias enganchan y produce best sellers como rosquillas. Pero ya lo dice él mismo: "Shakespeare me odiaría, yo soy mucho más simple"... lo que es lenguaje cuidado, uff...
    Aún así, desde luego el tío tiene su público.

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  4. No he leído nada de Follet, pero tengo planeado hacerlo.
    Ya sé, con el poco tiempo que llevo leyendo, que el que se vende como pan caliente no significa que sea una obra buena o excelente.
    Cuando haya leído algo, entonces sí podré opinar.

    Saludos.

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