viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Un sueño imposible o una pesadilla eterna? (Reseña de 'La conquista científica de la muerte'.- VV. AA)

Carlos Alberto Gamissans (@Gamissans)

El sueño de la inmortalidad nace con la primera consciencia que tuvo el ser humano de la muerte. El dolor que provoca y el sufrimiento que en muchas ocasiones la acompaña han provocado el terror de los hombres de cualquier época. Durante siglos, las únicas respuestas a este pavor atávico las dieron la filosofía y la religión. Sin embargo, en el siglo XXI la ciencia ha crecido lo suficiente para, al menos, esbozar ciertas ideas que podrían conducir en un futuro a eliminar o retrasar enormemente el fallecimiento involuntario de las personas.

'La conquista de la muerte'
VV. AA
Editorial: LibrosEnRed
Ese es el tema de La conquista científica de la muerte (LibrosEnRed, 2008)  El libro está escrito por diversos autores, la mayor parte de ellos científicos de diferentes especialidades. La primera parte examina varias maneras de prolongar la vida de manera radical, mientras que la segunda aborda los aspectos éticos que se derivarían de una expectativa de vida muy superior a la de hoy.

Desde mi punto de vista, la obra peca de un cierto optimismo interesado. Al fin y al cabo la organización que está detrás de su publicación, conocida como el Inmortality Institute, requiere de fondos privados para proseguir sus investigaciones. Así, algunos autores afirman que antes del 2050 existirán terapias genéticas que permitirán incrementar la esperanza de vida indefinidamente, e incluso transformar un organismo envejecido en uno joven.

Para alcanzar ese ambicioso objetivo se plantean soluciones de variada índole. Quizá la más prometedora a corto plazo sea la investigación en células madre. Estas tienen la capacidad de convertirse en cualquier tipo de célula, lo que teóricamente permitiría una renovación celular completa. Algunos tratamientos han conseguido ya incrementar la esperanza de vida en ratones. El siguiente paso sería intentarlo con primates. 

Otra propuesta alternativa es la nanomedicina, consistente en introducir en el cuerpo robots minúsculos del tamaño de una célula que funcionaran de manera mucho más eficiente que nuestras herramientas biológicas. Se mencionan posibilidades todavía más futuristas como transferir la conciencia de un ser humano a un ordenador, donde quedaría a salvo de cualquier accidente. También se explora el campo de la criónica, que consiste en preservar a bajas temperaturas a personas muertas para que sean revividas en el futuro, cuando la ciencia haya avanzado lo suficiente.

En la segunda parte del libro, se analizan las consecuencias que provocaría un incremento radical de la esperanza de vida, tales como una posible superpoblación, una alterada conciencia del tiempo o incluso el hastío que podría producir la perspectiva de una existencia sin límite. Con algunas excepciones los autores se muestran a favor de extender la vida, utilizando argumentos filosóficos, estadísticos o incluso experiencias personales para defender su postura.

En resumen, La conquista científica de la muerte es una lectura interesante para quien tenga curiosidad en el tema, pero en mi opinión las conclusiones más alentadoras deben, cuanto menos, ponerse en cuarentena a la expectativa de lo que la ciencia pueda ofrecernos en las próximas décadas.

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