lunes, 19 de noviembre de 2012

Estética de laboratorio: un ensayo sobre la conjunción del arte contemporáneo

Carlos Alberto Gamissans (@gamissans)

Si el arte contemporáneo no nos causara cierta conmoción, no aportaría nada; no reflejaría la época confusa y compleja en que vivimos. Reinaldo Laddaga, escritor y filósofo argentino, busca en su ensayo 'Estética de laboratorio' (Adriana Hidalgo Editora, 2011) esbozar las últimas manifestaciones y explorar “conceptos y metáforas” que describan la relación entre las diferentes disciplinas artísticas en el siglo XXI. 

'Estética de laboratorio'
Reinaldo Laddaga
Editorial: Adriana Hidalgo Editora
La concepción del autor es, por tanto, transversal a todas las artes. En cada capítulo, Laddaga analiza distintas expresiones que han cautivado su atención y que, considera, pueden ejemplificar una tendencia más generalizada. En su ensayo se desarrolla una operación intelectual en la que describe, interpreta y profundiza en el significado de varias propuestas. 

La disciplina que más trabaja el autor es la literatura. Según su tesis, “la más ambiciosa literatura contemporánea se escribe con materiales pobres” y los protagonistas son personajes que no comparten un horizonte en común. Los escritores aparecen “semienmascarados” en sus propias ficciones, eliminándose la distancia entre el artista y la obra que era canónica en la literatura clásica, desde Aristóteles hasta Joyce. Analiza la obra de Coetzee como ejemplo de esta tendencia y también de la hibridación de géneros, que, entre otras posibilidades, le permite incluir sus propios ensayos sin apenas cambios en sus novelas. 

El narrador ya no puede hablar desde una tribuna como si representara la conciencia de su colectividad. Debe “aparecer en el estrado, entre sus personajes”. No es un ser separado del mundo, encerrado en un estudio remoto. Crea en comunidad e interesa el proceso mediante el cual da forma a sus obras. La vida de los escritores se convierte en un tema de investigación literaria, a veces más interesante que sus ficciones. Esto se observa también en la literatura de Levrero. La escritura de la novela se convierte en el argumento principal y en la aventura del protagonista, que parece improvisar a cada momento. Quizá el conjunto resulta un poco insípido, pero “lo insípido no es simplemente la ausencia de todos los sabores, sino la potencia de saber, el sabor en potencia”, dice Laddaga.

Improvisación. Esa es una de las cualidades que, según el ensayista, caracterizan el arte contemporáneo. En el mundo de la música, pone el foco en nuevas formas de interpretación. Los músicos no se encierran en un edificio, sino que se sitúan entre varios e improvisan sonidos que no son fáciles de distinguir de los exteriores. Para ello emplean máquinas que poco tienen que ver con los instrumentos típicos. 

En las artes plásticas se tiende a la colaboración con numerosos participantes, de manera que el resultado escapa en ocasiones al control de quienes concibieron la obra. El objetivo es “que se desplieguen procesos de aprendizaje colectivo, en los cuales la tradición del arte moderno sea confrontada con las problemáticas de sitios sociales particulares.” Así ocurre en el museo precario Albinet, bajo la ideación de Tomas Hirschhorn. Para el artista, era mejor que las obras se expusieran en la intemperie que en una institución oficial. Allí pierden parte de su poder de influencia, seguramente porque se presentan de modo que el espectador solo puede observarlas desde un punto de vista de inferioridad. 

 El arte contemporáneo se gesta en diferentes escenarios, como en un laboratorio de múltiples caras. El autor concluye: “Ni la fidelidad perfecta a la tradición del arte confinado ni su simple abandono: esta frágil posición está en el origen de los proyectos más intrigantes de estos años”. 

Hay que reconocer el mérito y la audacia del trabajo de Laddaga. En su debe, un estilo tal vez demasiado farragoso para un lector no habituado a un lenguaje que colinda con el de la filosofía. Además, la relación entre las obras que explora resulta en algunas ocasiones un poco forzada. Sus conclusiones deben tomarse con prudencia, ya que el arte no para de evolucionar. El laboratorio nunca cierra y está sujeto a una experimentación constante; pero Laddaga ha sabido extraer varios ingredientes y darles contextura.

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