lunes, 7 de enero de 2013

Masas que consumen cultura y empresas que las quieren (Reseña de ‘Cultura mainstream’, de Frédéric Martel)

Luis Royo Antín (@luisroyoantin)

Shakira es muy popular en la localidad colombiana de poco más de un millón de habitantes que le vio nacer (Barranquilla) y en Miami, la ciudad norteamericana que le catapultó al éxito global del que hoy disfruta de Europa a Asia ¿Cuántos millones de personas en todo el mundo han escuchado al menos una de sus canciones? La respuesta es inabarcable porque Shakira -al igual que Juanes, Ricky Martin, The Rolling Stones, las telenovelas sudamericanas, la MTV, Al-Jazeera, los ‘blockbusters’ de Hollywood, las series estadounidenses, James Bond o el cine de Bollywood- pertenece a la industria del entretenimiento de masas, cuyos protagonistas se dirigen a audiencias contadas por millones en más de un estado y cuyos ejes son principalmente cine, música, televisión e Internet.

El sociólogo y periodista francés Frédéric Martel analiza en su ensayo ‘Cultura mainstream’ no sólo el origen de buena parte de estos fenómenos de masas actuales, sino también una serie de batallas que se disputan en nuestros días y que se engloban dentro de lo que denomina “guerra mundial cultural”. Martel explica cómo los grupos empresariales y las multinacionales que controlan las principales productoras, discográficas, estudios cinematográficos, distribuidoras y canales de televisión están luchando entre sí para tratar de seducir a audiencias cada vez mayores. 

'Cultura mainstream'
Autor: Frédéric Martel
Editorial: Taurus
Fruto de una investigación de más de cinco años en todo el mundo, el autor cita como ejemplos de esta contienda cultural las presiones de la Motion Picture Asociation para lograr que determinados gobiernos permitan la expansión del cine de Hollywood reduciendo la censura y/o el número de películas nacionales en las carteleras de los cines; las pretensiones del magnate Rupert Murdoch de liderar proyectos televisivos en China; las ansias de internacionalización de Bollywood, mientras Líbano lucha por sus parcelas del cine árabe, dominado por Egipto; los conflictos a capa y espada entre el pop japonés, el mandarín, el cantonés y el surcoreano por dominar, a través del lanzamiento de artistas capaces de cantar en varias lenguas, la inmensa escena musical de los principales países de Asia; las disputas entre TV Globo (Brasil), Telefé (Argentina), Televisa (México), RCN (Colombia) y Venevisión (Venezuela) con el fin de que sus respectivas telenovelas acaparen el mayor número posible de espectadores en Sudamérica y en Estados Unidos; la supervivencia de la MTV, frente a su innumerable competencia y al apogeo de los vídeos en Internet, a base de impulsar programación local, y adaptada a gustos y costumbres nacionales, en los países en los que tiene presencia; la pelea entre grandes televisiones del mundo árabe por ser ‘mainstream’ como lo es Al-Jazeera (que cuenta con versión en inglés para expandirse por Occidente y por países estratégicos como Irán) o la vocación de Telesur de convertirse, ante un rival llamado ‘CNN en español’, en el canal líder de toda América del Sur. 

Al estar el mundo inmerso en conflictos por controlar las industrias de entretenimiento, Martel sostiene que ya es posible hablar de triunfadores, como Estados Unidos y algunos países emergentes, y perdedores, como Europa. De hecho, el sociólogo no duda en dar(nos) un toque de atención y apuntar que, a diferencia de Asia y América, el viejo continente se está quedando atrás en el terreno de la cultura de masas. Mientras Estados Unidos produce películas y música para todo el mundo, cada país europeo las produce para el suyo. Un hecho, que tal y como resalta Martel, está propiciando por un lado el mantenimiento de la cultura checa en República Checa (y así sucesivamente en el resto de países que no exportan sus producciones) y, por otro, la expansión en Europa del ‘mainstream’ norteamericano, a falta de uno propio y común a todos los estados del continente. En este sentido, el autor añade que las multinacionales de capital europeo dedicadas a la industria del entretenimiento (el estudio de videojuegos francés Ubisoft o el grupo alemán Bertelsmann) contribuyen a ello, dado que sus producciones tienen rasgos más norteamericanos que europeos. También, según indica, otros factores lo propician como las rivalidades entre estados, el envejecimiento de la población del continente o la innumerable cantidad de lenguas habladas. El libro plantea algunas soluciones que pasan por incentivar la multiculturalidad para que Europa cobre fortaleza en este campo. No obstante, también reconoce que no se antoja fácil, dado que es un continente acostumbrado a priorizar el componente artístico (y cualitativo) de la cultura frente al ‘entertainment made in USA’. 

Pero, ¿cómo forjó Estados Unidos su camino a ser líder de la cultura ‘mainstream’? Martel responde en los primeros capítulos del ensayo: el ‘crossover’ ha sido una de las claves. Este concepto consiste en convertir un género artístico de minorías en un género para mayorías. Martel recuerda y desarrolla en el libro cómo las discográficas Motown y Geffen hicieron lo propio con la música negra y la música alternativa, respectivamente, así como la MTV lo hizo con el ‘hip-hop’ y Miami (considerada en el libro “capital ‘pop’ de América Latina”) con el Reggaetton -nacido en Puerto Rico- y con buena parte de la música latina actual -que primero se populariza en un país sudamericano y, tras triunfar en Miami, se internacionaliza-. La fama de Steve Wonder, de Kurt Cobain, de Eminem, de Shakira o de Daddy Yankee son claras pruebas de dichos logros. 

‘Cultura mainstream’ complementa su análisis de las industrias del entretenimiento con curiosidades y anécdotas que amenizan el paseo por las casi quinientas páginas del volumen. El lector puede conocer el proceso que sigue una película en Hollywood desde que se concibe como idea hasta su estreno, las cantidades que estrellas como Will Smith pueden ganar por rodaje, los obstáculos de Warner para instalar cines en China, las estrategias de los grandes estudios norteamericanos para vender como ‘indies’ películas que no pueden ser etiquetadas dentro del “cine independiente” o por qué comemos palomitas en las salas comerciales. 

En definitiva, estamos ante un libro con mucho ‘entertainment’ en su lectura y con el claro objetivo logrado de que todos, como masas consumidoras en mayor o menor medida de cultura ‘mainstream’, conozcamos y entendamos qué hay detrás de ‘hits’ como los de Shakira y, por tanto, de buena parte de las canciones que escuchamos, las películas que vemos y los canales que sintonizamos en los momentos que dedicamos a algo tan necesario –y tan disputado por grandes empresas de todo el planeta- como nuestro entretenimiento.

2 comentarios:

  1. Tiene buena pinta y que explicará bien todo ese proceso. La única pega que le veo es que en la reseña he echado en falta un análisis sobre las consecuencias que tendrá toda esa homogenización cultural. En mi opinión más allá de que tal o cual país gane el que de verdad pierde es el Arte. Aunque dudo que lo que la gente que sale en el libro produzca sea Arte. Y en definitiva el aficionado porque cada vez puede acceder a menos discursos realmente diferentes o "alternativos".

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  2. Es cierto que Europa se ha quedado al margen del proceso que comenta la reseña, pero a mí esto me parece notoriamente positivo. La mayor parte de la cultura mainstream que se ha citado más arriba es bastante mediocre en su planteamiento artístico. El aislamiento de Europa, aun relativo, puede permitir que surjan expresiones artísticas a todos los niveles más auténticas y enriquecedoras para las sociedades. Puede que Europa haya perdido la batalla del mainstream, pero deberíamos preguntarnos si un continente tan vasto en su producción cultural durante siglos debería preocuparse por una batalla tan roma en su planteamiento intelectual.

    Sí es preocupante, no obstante, que la cultura mainstream norteamericana y, en el futuro, la china (ese Gangnam Style bueno), se introduzca con tanta violencia en la sociedad europea. A mí me parece negativo que la mayor parte de los jóvenes de hoy en día estén a merced de dicha cultura mainstream y que otras producciones culturales a mi juicio más interesantes y realizadas en Europa queden en un segundo plano. Así que, al contrario de lo que he sugerido más arriba, desde este punto de vista quizá una cultura mainstream a la europea, perfilada de un modo, digamos, más enriquecedor, lograría sustituir el actual mainstream. Tan nocivo.

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