martes, 30 de abril de 2013

¿Algún parecido con Rob? (Reseña de ‘Alta fidelidad’ .- Nick Hornby)

Luis Royo Antín (@luisroyoantin)

El reconocimiento que ha tenido –y sigue teniendo- la novela ‘Alta fidelidad’, de Nick Hornby, no se debe exclusivamente a su recordada adaptación cinematográfica, con John Cusack y Jack Black en el reparto, o al prestigio que el autor ha ido adquiriendo con otros títulos, como ‘Fiebre en las gradas’, en la literatura europea de los últimos años. Hay algo más: el protagonista de ‘Alta fidelidad’ es un tipo con el que es fácil toparse en la vida real, tal vez en un pub, y simpatizar con él. Incluso nos podemos ver reflejados directamente en algunos de sus comportamientos, lo que inevitablemente -¡peligro!- nos puede llevar a pensar ciertas cosas sobre nosotros mismos. 

Su nombre es Rob, es treintañero, viste todavía con tejanos y chupa de cuero, no ha tenido relaciones sentimentales demasiado estables en su vida, es propietario de una tienda de discos tan apenas rentable, vive en un cuchitril del norte de Londres y sigue teniendo una pasión irrefrenable por la música pop. Lo sabe todo, desde el telonero del último concierto de una banda de rock de los setenta hasta el año de edición del vinilo de una solista con influencias country. 

'Alta fidelidad'
Autor: Nick Hornby
Editorial: Anagrama
Su vida transcurre sin tan apenas sobresaltos hasta que su novia, quien ha dejado de llevar chupa y tejanos y sí tiene un trabajo muy bien remunerado en la abogacía, le abandona. A partir de este momento, Rob comienza a lanzarse innumerables cuestiones que permanecían ajenas a su particular adolescencia treintañera. Recuerda sus cinco principales rupturas amorosas y se pregunta por qué su vida sentimental ha sido tan catastrófica. Su momento post-abandono le lleva también a plantearse si su gran afición por la música pop ha podido condicionar su forma de ser: “Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda de corriente; nos da miedo que esa especie de la cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y de abandonos, de dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desgraciadas que yo he conocido, románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto por la música pop”. 

Aunque pueda parecer una historia excesivamente triste –de hecho, no nos engañemos, ‘Alta fidelidad’ habla de lo que hablan las letras de las canciones de pop-, el humor en el estilo de Hornby permite digerir, con sonrisas y carcajadas, el desamor, la soledad y las dudas del personaje, así como reflexionar sobre cómo, hombres y mujeres, nos comportamos en situaciones como la del protagonista, estando en pareja o no. 

Prueba del elaborado y original humor que inunda la novela de principio a final son las conversaciones que Rob mantiene con los dos trabajadores de su tienda; dos ‘colgados’ de la música pop que, con carácteres totalmente opuestos, confeccionan listas de los cinco mejores capítulos de ‘Cheers’ o de las cinco mejores canciones para un funeral. Además, los lectores apasionados de los referentes musicales de los últimos años (Aretha Franklin, The Smiths, The Clash, Bob Marley, Neil Young, Suede, Elvis Costello…) van a disfrutar mucho de la banda sonora de la novela y de las referencias que continuamente aparecen en el texto a canciones, discos, anécdotas o conciertos. 

Nick Hornby logra que una historia aparentemente típica y sobradamente abordada en novelas, como lo es una ruptura amorosa, se convierta en todo lo contrario; dado que ‘Alta fidelidad’ es un universo propio, con una música que le viene al pelo, escrito con ingenio y con un Rob simplemente irrepetible en la literatura.

lunes, 15 de abril de 2013

El corazón de las luces (Reseña de 'La guerra del Nilo' de Winston Churchill)

'La Guerra del Nilo' es un libro que Winston Churchill escribió tras su participación en la conquista de Sudán por las tropas anglo-egipcias. Esta guerra tuvo lugar en 1898 y Churchill fue testigo de ella como un joven oficial de 24 años de las tropas británicas. Sudán había sido un territorio históricamente controlado por Egipto hasta que la población local al mando de El Mahdi, un líder religioso que se creía un profeta, se rebeló. 

'La guerra del Nilo'
Autor: Winston Churchill
Editorial: Turner
Si 'La Guerra del Nilo' fuera una novela sería una gran aventura en la que unos buenos muy buenos, los británicos, vencen a unos malos muy malos, los derviches sudaneses. Los buenos habrían sido víctimas de la provocación inicial de los derviches, que asesinaron al enviado británico para mediar, Charles George Gordon, cuando el conflicto comenzó en 1885. 

Los malos vivían bajo una administración totalmente ineficaz. Incluso los medio buenos, los egipcios, también habían administrado a los malos con una administración horrible que explicaba, en parte, que se hubieran rebelado. En cambio, los buenos eran organizados y eficientes y conseguían hacer funcionar todos los territorios que controlaban. 

Además, los buenos llevaban la civilización y el desarrollo a todos los rincones del mundo. El problema es que los malos no se daban cuenta porque eran unos bárbaros y unos fanáticos religiosos. ¡Si incluso eran traficantes de esclavos! 

Si todo esto fuera una novela sería muy buena. Y, además, está contada con un lenguaje lleno de épica por Churchill. El único punto negativo es que si no son unos grandes aficionados a las cuestiones de estrategia o logística militar es un poco tediosa la minuciosidad con la que se detallan las operaciones. 

El problema, como se imaginarán, es que este libro no es una novela. Es el relato de unos hechos históricos de los que el autor fue testigo. Y además es uno de los ejemplos más claros del proceso que se llamó colonización, y del que el Reino Unido fue el mayor exponente. 

La lectura de 'La guerra del Nilo' es muy interesante porque da la visión de una persona que dio un ferviente apoyo al proceso colonizador. Y esto choca frente al consenso actual de que fue algo injusto y trajo muchas consecuencias negativas para los afectados. También es interesante porque la imagen que ha perdurado de Churchill es la del luchador antifascista de la Segunda Guerra Mundial. Y, en cambio, esta persona tuvo una larga vida antes de llegar a aquel punto. Por eso choca oírle hablar de “razas inferiores” o de que “los pobladores humanos del Sudán no estarían en desproporción con la fauna ni serían menos felices”. Curiosa forma de expresarlo. “Los pobladores humanos”. 

Recomendaría leer este libro en contraposición a 'El corazón de las Tinieblas' de Joseph Conrad, compatriota, aunque adoptivo, de Churchill. Donde en Conrad todo es sinsentido y rapiña, en Churchill es llevar la luz de la civilización europea al mundo y altruismo desinteresado. Y en donde en Conrad todo es desorganización e ineficacia aquí es precisión y profesionalidad. El mejor ejemplo es el capítulo de 'El ferrocarril del desierto'. En éste se narra como el ejército británico trae locomotoras desde Gran Bretaña y consigue construir una vía férrea de varios cientos de kilómetros en pleno desierto en un tiempo récord y con una climatología hostil. 

 Vamos, los motivos de la presencia británica en Sudán, un lugar tan alejado, son tan obvios que el autor ni se molesta en explicarlos en ninguna parte del texto.

viernes, 12 de abril de 2013

Memoria fría (Reseña de Diario de invierno, de Paul Auster)

Carlos Gamissans (@gamissans)

“Habla ya antes de que sea demasiado tarde”. Esta es una de las primeras frases de 'Diario de invierno', la autobiografía de Paul Auster que publica Editorial Anagrama. El escritor estadounidense no respeta las convenciones del género. Narra su vida en segunda persona, como si quisiera observar el relato azaroso de su existencia desde una perspectiva exterior. Tampoco sigue un orden cronológico, como si contara los recuerdos de forma casual según van recomponiéndose en su mente. Alterna el uso del presente y del pasado de manera que se difuminan las diferencias entre lo que vivió hace cincuenta años y lo que le sucedió la noche pasada. El constante uso de recursos literarios podría provocar la sensación de que su autobiografía es en realidad uno de los artefactos novelescos a los que el autor de 'La trilogía de Nueva York' nos tiene acostumbrados. 

'Diario de invierno'
Autor: Paul Auster
Editorial: Anagrama
El invierno simboliza la vejez y la estabilidad de la naturaleza en contraste con la fugacidad del hombre. Auster se propone realizar un “inventario de cicatrices” y nos ofrece el ameno relato de sus vivencias, aunque sufre altibajos. Emplea una prosa directa, con frases a veces muy largas, y reconoce que algo debe de haberse torcido en su interior para dedicar su vida a la escritura. Quizá por ello no comenta casi nada de sus libros, ni del proceso creativo que les dio vida, lo que tal vez habría sido más interesante que la enumeración de todos los pisos en los que ha vivido, en un intento un poco tedioso de reconstruir su autogeografía. 

Auster se describe como “un hombre que se ha pasado la vida caminando por las calles”, un nómada que finalmente encuentra su sitio en Nueva York. Dedica varias páginas a su esposa y a su madre, cuya muerte desencadena un torrente de recuerdos. La infancia es uno de los temas principales, con sus alegrías radicales, sus golpes, sus magulladuras y su aprendizaje de la vida, siempre incompleto. La muerte también es una presencia constante a lo largo de las páginas que ha escrito “como sangre en una hoja en blanco”. El autor afirma que el miedo a morir probablemente sea lo mismo que tener miedo a vivir. Tal vez haya escrito sus memorias para vencer ese temor. 

El repaso de sus accidentes y de los aspectos más cotidianos y vulgares es un ejercicio de humildad. Es obvio que, a sus 64 años, el ego del escritor ha dejado paso a la resignación ante los límites e incomodidades de la existencia. Las pequeñas historias de su vida también le sirven para discutir mitos de la sociedad estadounidense. Por ejemplo la muerte de Kennedy, que según su experiencia se vivió más como un espectáculo que como un drama nacional, con alboroto, excitación y disparos fotográficos tratando de congelar el momento. 

Una de las grandes conclusiones a las que ha llegado Auster es que la palabra nunca podrá abarcar por completo la existencia humana. Esa certeza le anima a escribir con mayor liberación, quizá porque se da cuenta de que nunca se agotarán sus significados, de que su radical insuficiencia supondrá una motivación inacabable. No se escribirá nunca la novela que explique el alma en sus más profundos recovecos, y por eso vale la pena seguir escribiendo una novela tras otra, parece decir. 

'Diario de invierno' finaliza con una pregunta formulada sin drama, con la serenidad de quien ha aceptado su destino: “¿cuántas mañanas quedan?” Cabe interrogarse, dado que Auster aún se muestra en plena forma literaria, cuántas páginas le quedan por escribir.

jueves, 11 de abril de 2013

Ganar no es sinónimo de calidad

Rocio Nuñez (@potablava13)

No soporto a la gente que escribe para ganar premios, menos aún a los que ganan. Siempre he entendido la escritura como una pasión, no como una fuente de ingresos, aunque lo sea, y además, de las importantes. Pero, reconozcámoslo, soy una romántica, además de una idealista empedernida, como ya habrán notado en estas primeras líneas del artículo. Claro que cualquiera escribe por dinero. Ser escritor, sin ir más lejos, es una profesión, y de las bien consideradas. Es más, yo sueño con ganarme la vida escribiendo, no poesía, ni novelas, ni ensayos, sino noticias. Sí, también soy pura contradicción. 

Hoy escribo este artículo porque acabo de terminar de leer un libro que fue premiado hace unos meses. Ya saben, uno de esos premios que dan prestigio y permiten al autor ganarse un buen dinero y publicar el libro. La novela es pura basura. Intenta ser una copia barata y sin escrúpulos de una de las obras maestras de la literatura española: 'Cinco horas con Mario'. No hace falta adentrarse en la historia para darse cuenta que el soliloquio de la protagonista de este libro es de una Menchu de andar por casa. Afortunadamente, la muerte tiene su parte positiva, en este caso, el maestro Delibes jamás sabrá de la existencia de esta novela. 

No sé cómo serán el resto de novelas que se presentaron a dicho concurso, pero si esta es la ganadora, queridos lectores, estamos huérfanos. Desconozco si el premio se otorgó por amiguismo, porque era de lo mejorcito que el jurado pudo leer o porque los que tuvieron la tarea de leerse todos los relatos carecen de criterio y de un mínimo de vergüenza. Pero lo peor no es esto. Lo peor es que además de la remuneración económica para la autora, decidieron publicar este libro, que, como todo en esta vida, tiene algo positivo: es breve, pese a que hay páginas y apartados que se hacen interminables. 

Dejen de jugar con la literatura como si fuera una lotería y empiecen a escribir bien. Pocos son los que se hacen ricos escribiendo. Genios como Borges, Cortázar, Benedetti, Lorca, Shakespeare o Cervantes hay a cuentagotas a lo largo de la Historia, aunque también es cierto que hay maestros de las palabras que nunca han sido descubiertos al gran público. Preocupémonos en buscar el verdadero talento y en potenciarlo. No tengamos miedo a dejar de lado las 'Cincuenta sombras de Grey', los diversos Crepúsculos o los Dan Brown. Es hora de arriesgarse y perderse entre los estantes de las librerías para encontrar tesoros. Se lo dice una que se ha presentado a varios concursos de literatura, y lo que es peor, los ha ganado. Como les decía antes, muchos jurados carecen de criterio y de vergüenza.

miércoles, 10 de abril de 2013

¿Acaso no has oído hablar de él? (Reseña de 'El nombre del viento'.- Patrick Rothfuss)

Javier Allué (@javiallulli)

Guerra, magia, amor, fuerzas oscuras que es mejor dejar en paz, música y seres mitológicos que se confunden entre el mundo humano y algún otro, más allá. El cocktail perfecto para una típica historia de fantasía más en la estantería. O tal vez no. 

Es esta una historia épica que necesita de tres, ¡tres! días para ser contada. De magia auténtica, como la de Táborlin el Grande, que conocía el nombre de todas las cosas. De venganza, como la de Lanre, que luego fue Lord Haliax. De amor, de Denna, Dinnae, Dinnarae o Denya. De héroes del pasado, de una luna robada y una Universidad, donde buscar el nombre del viento. Una historia de siempre sucia ciudad de Tarbean, en un estilo que cabalga entre 'Oliver Twist' y el 'Lazarillo de Tormes'. De música, un Eolio y un caramillo de plata. Y de la intuición de un mundo fantástico que está por venir. Una historia, en definitiva, de la que todos conocemos el final: un joven de pelo rojo como el fuego escondido en lo más hondo de su silenciosa posada junto a un peculiar ayudante. 

'El nombre del viento'
Autor: Patrick Rothfuss
Editorial: Plaza & Janes
Y, sin embargo, ni conocer el final arranca un ápice de emoción y misterio a una historia construida de manera fantástica. Un estreno arrollador de Patrick Rothfuss, que deberá trabajar con ahínco para cerrar esta saga y mantener el nivel en el futuro. 

Pródiga en detalles, el misterio sobre los acontecimientos que truncarán la vida del protagonista mantiene al lector en constante tensión. Nos colocamos a la espera de cualquier desgracia, de la confirmación de esa tormenta que se atisba, que se intuye tras los verdes ojos del posadero que narra su vida al Cronista

Si bien el ritmo puede ser un poco lento para el gusto de algunos, el autor prepara con mimo cada una de las hebras del papel sobre el que escribe su novela. Una precuela de los dramáticos acontecimientos que están por venir y que son, sin duda, un reto: deberán estar a la altura de toda la miel que se nos ha puesto en los labios. De todo aquello que se nos ha prometido: simplemente, una historia magistral. Más madera para el último volumen de la saga. 

Rothfuss no se ha dejado nada: espadas, muerte, amor, venganza, magia, odio… y todo ello sin caer, casi en ningún momento, en el estereotipo que tantas veces condena a la novela fantástica. Este es un libro con aire renovador, un estilo directo y personal y la misma fuerza que imprime al carácter de su personaje. 

Porque, que nadie caiga en el engaño, esta no es una historia sobre los Chandrian, ni sobre el amor, ni una trama bien cuidada. No. La historia es él. Rothfuss ha creado, por encima de todo, un héroe. Un mito. Un asesino. Un trovador. Un amante, embustero, vagabundo, mago, arcanista y Edena Ruh. 

Su posada estuvo en silencio, un silencio triple. El silencio de un hombre que espera la muerte. Pero ya no. Él es Maedre, la llama, el trueno y el árbol partido. A pesar de haberse escondido donde nadie podría encontrarlo, ha sido hallado. Y está dispuesto a contar su historia. Tal vez hayas oído hablar de él. Su nombre es Kvothe. Y se pronuncia Cuoz.

martes, 9 de abril de 2013

No solo de propaganda vive el lector (Reseña de 'Razones para la rebeldía' de Guillermo Toledo)

David Sediles (@davizoaf)

'Razones para la rebeldía' es una entrevista que el periodista Pascual Serrano hizo al actor Guillermo “Willie” Toledo. Ésta fue publicada en un breve librito evitando el formato pregunta-respuesta dando así más agilidad al texto. 

El principal problema del libro es que puede dar muchas razones para la rebeldía pero pocas para leerlo. Lo que ofrece el texto es la opinión de Toledo sobre los temas más variopintos, desde el cine a la política pasando por los derechos de autor. Supongo que para un lector gran parte del atractivo del libro puede residir en su coincidencia con los postulados ideológicos de Toledo. Pero aun así ésta no aporta gran cosa sobre los temas tratados. 

'Razones para la rebeldía'
Autor: Guillermo Toledo
Editorial: Editorial Península
Para empezar, una persona mínimamente informada estará al corriente de todo lo que se denuncia en el libro por lo que no descubrirá nada nuevo. Por ejemplo es sabido que la OTAN ha cometido numerosas matanzas entre la población civil de los países donde actúa. Estas noticias se pueden encontrar en cualquier periódico y no es necesario acudir a oscuras páginas de “contrainformación” (sic) para descubrirlas. Lo que aporta Toledo es llamar terrorista a Europa, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, la OTAN, el Pentágono y el ejército israelí. Todo en la misma página. 

Al final de la obra hay una, esperada, defensa de la dictadura cubana de la que alaba los logros sociales que ha conseguido. Un servidor estuvo de visita en ese país y sin ser un experto no me pareció muy logrado lo que vio allí. Pero lo importante de la mención a Cuba es la polémica que Toledo desató tras la muerte por huelga de hambre del disidente Orlando Zapata al tildarlo de preso común. Toledo en este caso no tiene problemas en creer la versión oficial de que Zapata era un preso común con un historial violento. Estas acusaciones fueron tildadas de falsas y de mera propaganda por la disidencia cubana. La paradoja se muestra cuando apenas unas páginas después Toledo, con toda la desconfianza del mundo, afirma que el 11-S fue un autoatentado o que en el mejor de los casos se conocía pero el gobierno estadounidense pero que éste no hizo nada. Me habría gustado que el libro recogiera también su opinión sobre la conspiración del 11-M. Este es uno de los pocos temas que no son recogidos. 

Así se podrían poner muchos otros ejemplos en esta línea pero sería muy reiterativo. El tono del libro se mueve de principio a fin en este trazo tan grueso que se ha ejemplificado. Aunque en defensa de Toledo hay que reconocer que ni el más sesudo analista habría sido capaz de tratar la multitud de temas abarcados en las 120 páginas de la entrevista con un mínimo de profundidad y matices. 

Pero para no quedarnos solo con lo malo, en el libro también se pueden encontrar algunos aspectos positivos. Toledo no tiene pelos en la lengua, y cuando denuncia un hecho o comportamiento no se corta en dar los nombres y apellidos de las personas que, a su juicio, lo cometen. Por ejemplo Toledo critica a actores que al crear su productora pasan a pensar como empresarios y empiezan a explotar, no solo a los actores, sino a todo su equipo (electricistas, maquilladores, etc.). Y los ejemplos que Toledo da de esto serían Imanol Arias y Emilio Aragón. 

Otro punto positivo es la experiencia de Toledo dentro del mundo del cine que le da autoridad para hablar de él enriqueciéndolo con anécdotas personales. Y de lo más interesante es la reflexión que se hace tras su experiencia personal sobre el papel de los famosos que apoyan causas y, en ocasiones, las eclipsan. O las suspicacias que le dificultan participar en movimientos sociales por la sospecha nunca disuelta del todo de que hay una búsqueda de beneficio personal detrás.

lunes, 8 de abril de 2013

No me cuentes cuentos (Reseña de 'Storytelling de Christian Salomon)

Carlos A. Gamissans (@gamissans)

El storytelling podría definirse como el arte de contar historias, por lo común de ficción. Todo escritor que se precie debe conocer sus técnicas y aplicarlas. Pero sus procesos se han extendido mucho más allá del ámbito literario, en especial a partir de los noventa. En su ensayo sobre 'Storytelling' (Península, 2008 ), Christian Salmon (miembro del Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje) nos perturba con el esclarecimiento de ciertas historias que se han utilizado para consolidar las bases del sistema capitalista. Así, los protagonistas del libro no son Hemingway o Faulkner sino Reagan, George Bush o Fox News

'Storytelling'
Autor: Chistian Salmon
Editorial: Editorial Península
Salmon denuncia que las técnicas de la ficción literaria se han venido utilizando sistemáticamente por las grandes corporaciones globales. Coca-Cola o Nike ya no pretenden construir una imagen de marca potente, no al menos de la forma tradicional. De lo que se trata es de armar una historia convincente alrededor de la marca, capaz de convencer a las masas de que vale la pena consumir sus productos. Han surgido una serie de gurús del management muy influyentes en los directivos de más alto nivel que son los tejedores de este hilo de fantasías presentado bajo el sello de lo real. 

Pero quizá lo más inquietante sea la influencia que el storytelling ha adquirido en la política de países como Estados Unidos y Francia. Los gobiernos norteamericanos se han preocupado más de contar una story inspiradora a sus ciudadanos que de procurar que esa narración se parezca a la realidad. Convencido de que el camino para llegar a los votantes no es el de las ideas sino el de las historias, Bush ha utilizado varias veces en sus discursos anécdotas de películas hollywoodienses como si hubieran ocurrido de veras. Nada es suficiente para mantener vivo el gran mito del sueño americano… o para justificar las invasiones de Irak y Afganistán

Los candidatos a la presidencia, sean conservadores o progresistas, deben convertir su vida en una historia que merezca la pena contar y que genere empatía y emoción entre sus compatriotas. Esta es una característica típica del discurso político, que cada vez apunta más al sentimiento y menos al intelecto. Tiene sentido que así sea, ya que de otro modo sería difícil de sostener en la mayoría de los casos. Se apela a lo que de niño hay en nosotros para contarnos un cuento que tal vez no sea real, pero sí bonito y reconfortante. 

Vivimos en un mundo que es una construcción narrativa. Distinguir la realidad de la ficción no es tan sencillo como podría parecer. Ambas se entremezclan con tanta sutileza que la misma noción de verdad se ha vuelto esquiva. De ello se aprovechan quienes pretenden manipular la sociedad para favorecer sus intereses personales. “Las formas, los ritos y los lugares del debate democrático están cada vez más sometidos a las nuevas tecnologías del poder”, denuncia Salomon. 

Aunque quizá peca de exagerado, el análisis del escritor es certero y agudo. Aporta luz sobre las formas más refinadas que las élites disponen para mantener sus privilegios. De todas maneras, la credulidad de los ciudadanos no es ilimitada. La crisis económica ha destrozado el final de muchos relatos y es probable que el storytelling, aplicado en sus formas más nocivas y manipuladoras, no sirva para contentar a una población cada vez más desengañada de la política.

viernes, 5 de abril de 2013

Entrevista a Coia Valls

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

En Atendiendo a Razones seguimos con nuestra serie de entrevistas con Coia Valls con el motivo de la publicación de su obra 'Las torres del cielo' (Ediciones B, 2013). La novela nos lleva al siglo XI durante la inauguración del monasterio de Monserrat. 

Coia Valls (http://coiavalls.wordpress.com/)
AaRazones: ¿La actual Barcelona da tanto pie a ser novelada como la del s. XI? 
Coia Valls: Es cierto que Barcelona –el escenario principal de mi anterior novela, 'El mercader' (Ediciones B, 2011)- también aparece en 'Las torres del cielo', pero esta vez de una manera tangencial. El lugar donde pasan la mayoría de las cosas es la montaña de Montserrat, un territorio de frontera durante el siglo XI. 


AaR: ¿Qué podemos encontrar en su nueva novela 'Las torres del cielo'? 
C.V: Según yo la veo desde mis deseos, es la historia de la fundación del monasterio de Montserrat, entre el 1025 y el 1056, pero no quería hacer otra novela de monasterios y he intentado narrar también la vida cotidiana de aquella época, así como profundizar en los orígenes de esta montaña tan singular. Podríamos decir, pues, que también tiene su parte telúrica y mítica. Para ello, me he acercado mucho a los personajes y he estudiado a fondo lo poco que se conserva de aquel momento, ya que los franceses quemaron el archivo del monasterio en el siglo XIX. 

AaR: ¿Es el mejor momento de la novela histórica nacional o corre el riesgo de que los lectores se saturen? 
C.V: Mi anterior novela, 'El mercader' ha aparecido este mes en italiano y pronto lo hará en portugués a Brasil. No soy la primera, ya que hay muy buenos novelistas históricos que están siendo traducidos fuera. Con esto quiero decir que si en países con grandes novelistas en este género nos traducen será porque estamos haciendo bien las cosas. Sobre lo que dices del peligro de saturación pienso que siempre habrá quien le guste leer una buena novela, sea del género que sea. Porque a eso hemos de aspirar, a escribir buenas novelas. Hoy en día se están escribiendo excelentes novelas negras que van mucho más allá de la narrativa de género, como si tomasen el pulso a nuestro tiempo. En la novela histórica también hemos de tener una ambición parecida, reconstruir otras épocas para los lectores y lectoras, que resulten creíbles y que aporten una visión de nuestro pasado coherente y fiel a los hechos históricos.

AaR: Sánchez Adalid dijo en una presentación que "es una pena que todo el mundo en España sepa quiénes fueron Robin Hood, el Rey Arturo o Ricardo Corazón de León y no se trate mejor a nuestros personajes históricos". ¿Los nuevos autores estáis consiguiendo que esto cambie poco a poco? 
C.V: Estoy totalmente de acuerdo con Sánchez Adalid, un excelente novelista por otra parte, un referente, pero también reivindico mi derecho a escribir sobre personajes o momentos históricos de otras culturas, tal y como hice en 'La princesa de jade' (Suma de Letras, 2010), una novela que reconstruía la búsqueda del secreto de la seda durante el siglo VI, en época de Justiniano

AaR ¿Qué clase de magia o atracción tiene la montaña de Montserrat? 
C.V: Nadie que haya pasado unas horas en Montserrat o, sencillamente, la haya visto de lejos, puede quedarse indiferente. La montaña de Montserrat nació hace miles de años de un plegamiento de tierras y antes de eso era un mar interior. Puedes encontrar fósiles marinos a 800 metros de altura, por ejemplo. Es una montaña diferente que sorprende por sí misma, mucho más allá de la magnificencia del monasterio y de su importancia para la cristiandad. Por estos motivos, mi pretensión fue novelar también la montaña y sus habitantes en el siglo XI. 

El test de AaRazones 


  • Un libro: 'Memorias de Adriano', de Marguerite Yourcenar
  • Una película: 'El nombre de la rosa', de Jean Jacques Annaud o la serie completa de 'Juego de tronos
  • Última novela leída: “La predicción del astrólogo”, de Teo Palacios. 
  • ¿Se les han acabado las ideas al mundo del cine y las adaptaciones han convertido a los novelistas también en guionistas imprevistos?: A ver, la pregunta es difícil. Os responderé con un hecho. Cuando D. W. Griffith, uno de los padres del cine, empezó a realizar grandes películas sus guiones eran las novelas de Charles Dickens, sin corregir ni trabajar. Él tenía delante las novelas y a partir de ellas filmaba. La literatura y el cine siempre han estado muy cerca e incluso los guiones más puros de Hollywood, si los analizamos bien, deben mucho a la literatura, a los clásicos. El cine ha aportado también a la novela un sentido de la estructura que le puede ser muy beneficioso. De hecho a mí me gusta mucho estudiar libros sobre cine, sobre el guion y sus posibilidades, ya que me aporta cosas diferentes. La relación, pues, es muy estrecha. 
  • ¿Qué opina del e-book?: El e-book tiene sus lugares donde puede ser práctico, pero para mí no es un sustituto del libro en papel. Creo que este seguirá existiendo durante muchos años, que se complementarán, y a veces con gran provecho para los dos formatos. 
  • ¿Y de la Generación Kindle?. Lo importante en literatura no es el vehículo sino la palabra. El mundo digital es un vehículo más que contiene palabras, otra opción que puede ser válida. Yo no pienso renunciar a nada.

jueves, 4 de abril de 2013

El horror (Reseña de 'El corazón de las tinieblas' de Joseph Conrad)

David Sediles (@davizoaf)

David Sediles se incorpora al equipo de Atendiendo a Razones para no dejar indiferente a nadie. Con su mordaz pluma sacará los colores a más de uno. Si no lo le gusta, lo dice, porque tiene un amigo llamado criterio...

'El corazón de las tinieblas' es una novela de Joseph Conrad publicado en 1902. Conrad nació en 1857 como ciudadano polaco bajo el nombre de Józef Teodor Konrad pero tomó la nacionalidad británica en 1886 y desarrolló toda su obra en lengua inglesa. En 1874 viajó a la ciudad de Marsella donde se enroló en la marina mercante. Esta experiencia determinante para Conrad ya que despertó la inclinación por el mar y los viajes. 

'El corazón de las tinieblas'
Autor: Joseph Conrad
Editorial: Alianza Editorial
Dentro de ese estilo de vida en 1889 se embarcó rumbo al entonces llamado Estado Libre del Congo. Esta colonia poseía la peculiaridad de que no pertenecía a ningún país, sino que era propiedad personal de Leopoldo II de Bélgica. Y bajo su administración se cometieron algunas de las mayores atrocidades del colonialismo. Es difícil poder calcular exactamente el número de personas que fueron asesinadas bajo este régimen pero las discrepancias se centran en cuántos millones de personas murieron. Aparte de los castigos físicos que incluían la tortura y la mutilación. 

En la expedición de Conrad por el río Congo en busca de un funcionario enfermo en una estación del interior del país está basado el relato de 'El corazón de las tinieblas'. A pesar de esto esta obra no trata exclusivamente sobre las matanzas del colonialismo. Hay pocos episodios de este tipo en el texto y no parecen producir un gran impacto sobre los personajes. Incluso el protagonista mantiene una postura ambigua ante la cuestión. Esto se explica en un pasaje del libro en el que se afirma sobre un salvaje que “no tenía mayor importancia que un grano de arena en un Sáhara negro”. 

La verdadera cuestión que se plantea son las consecuencias del aislamiento. Cómo reacciona una persona “civilizada” cuando deja de sentir la presión social y se ve rodeado por “salvajes”, como ellos llaman, a los que es incapaz de comprender por el abismo cultural que hay entre ambos, y entre los que se siente como un Dios. Los que finalmente sucumben a la tentación de comportarse como un Dios son los que acaban actuando como lo que diríamos es opuesto a uno y desatan “el horror”. 

Este es un libro magnífico para asomarse a los rincones más oscuros del alma humana. A este propósito ayuda el estilo de Conrad que cuenta con escasos diálogos y que se apoya principalmente en lo que el protagonista de la trama, y alter ego del autor, Marlow, reflexiona o simplemente percibe. Y, sobre todo, en las magníficas descripciones que perfilan no solo los lugares o las personas sino los caóticos ambientes y estados anímicos carentes de toda lógica o sentido de la moral.

miércoles, 3 de abril de 2013

Entrevista a Jorge Molist

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

El escritor Jorge Molist (Barcelona, 1951) publicó el pasado mes de febrero su nueva novela 'Tiempos de ceniza' (Temas de Hoy) en la que lleva al lector a la época del papa Alejandro VI y, por ende, de los Borgia. El autor recibía en exclusiva a Atendiendo a Razones antes de su presentación en Zaragoza

"Alejandro VI es uno de los españoles más famosos de la historia", exclamaba el escritor tras mi, manida y poco original, pregunta ¿Habemus papam? aprovechando la actual elección de pontífice  El autor contestaría de forma distendida y sincera sobre las cuestiones que tenía preparadas. 

Jorge Molist (Mikel Sainz. Noticias de Navarra)
"El papado era propiedad italiana y eso de que el Papa fuera español no estaba muy bien visto en Roma", explicaba. La embestidura del polémico Alejandro VI no dejó a nadie indiferente y provocó dos bandos que bien valen una trama de novela histórica. "Su leyenda negra, en gran parte infundada, hizo que fuera un villano perfecto para Historia", argumentaba Molist. Y es que su mano de hierro desde el trono divino y la campaña mediática para derrocarlo pasará a los anales como otra de las rocambolescas e intrigantes historias del Vaticano

Como era de esperar, la Inquisición salió a la palestra: "Era un arma de poder, pero no nos engañemos, no era de uso exclusivo español", explica. Y es que Molist reivindica la figura de Fernando el Católico porque "fue un gran político que manejó la inquisición como arma y su política exterior fue brillante".

Una multinacional

La historia novelada se entrecruza con las vidas de dos personajes de ficción, Joan y Anna, que verán como su librería se convierte en punto de mira de los enemigos de los Borgia al celebrarse reuniones en ella. Como los personajes históricos, la librería también existió y se convirtió "en una de las primeras multinacionales". Fundada por Hans Koberger, sobrino del padrino de Lutero, en 1445, la librería de Joan vendía libros en blanco para toda clase de facturas, actas de bautizos, bodas o leyes. La tasa de analfabetos de la época hacía que la encuadernación y la venta de libros en blanco fuese el día a día de una librería. 

Tras vender más de 200.000 libros con su última novela, 'Prométeme que serás libre', Molist espera que "el lector se lo pase bien", ya que vender o más o menos copias "depende cada vez más del momento económico actual". La lectura fluida y el conocimiento de los datos históricos es el objetivo del autor que espera que el lector "encuentre en su lectura la lucha de la libertad del débil ante la oposición del poder". 

El test de Aarazones: 

Un libro: 'El nombre de la rosa'
Una película: Blade Runner
Un disco: Cualquiera de Leonard Cohen
Última novela leída: 'El abuelo que saltó por la ventana y se largó'
¿Qué opina de los e-reader y e-books? Me parece estupendo. Es el presente y da la opción al lector para leer. 
¿Y de la Generación Kindle? Me parece estupendo y lo aplaudo. A mi me rechazaron mi primera novela todas las editoriales...dos veces. Todo lo que sea darse a conocer es bueno. 

martes, 2 de abril de 2013

Sobre la guerra y la juventud perdida (Reseña de 'Sin novedad en el frente' de Erich María Remarque)

Andrés Pérez Mohorte (@mohorte)

Andrés Pérez Mohorte se une al equipo de Atendiendo a Razones para desde su visión de la vida acercar todo tipo de obras y autores al lector. Periodista y apasionado de la historia no dejará a nadie indiferente. En su web y twitter también encontrarás música, cine y crítica, mucha crítica


Erich María Remarque escribió en 1929 todas las páginas de su destrucción espiritual. La suya y la de millones de soldados que perecieron o lucharon en el frente durante la terrible Gran Guerra, la última guerra clásica o la primera guerra industrial, en función de cómo interprete cada uno la vida y la Historia. ‘Sin novedad en el frente’ es el testimonio de toda una generación: la bandera antibelicista que Remarque no quería escribir, porque de su puño, de su corazón, tan sólo salía la virulencia y el horror que había acumulado durante tanto tiempo en las trincheras. De por qué la guerra es una experiencia terrible, y de por qué la Primera Guerra Mundial habría de cambiar el sino de los tiempos, versa este corto pero desgarrador libro. 

Si hay algo sobre lo que hable una y otra vez ‘Sin novedad en el frente’ es sobre la juventud. Remarque focalizó el drama de la guerra en torno a la pérdida, y más concretamente en torno a la pérdida de la juventud. Aquellos millones de jóvenes soldados que partieron sonrientes de las estaciones de París y Berlín agotarían los mejores años de su vida entre barro y proyectiles, y de su expectación por lo que les habría de deparar la vida no quedaría ya nada. Este hecho marca profundamente las reflexiones del protagonista del libro, que no es Remarque pero que bien podría serlo. El frente supone el antes y el después: la transición no hacia la vida adulta, sino hacia la existencia más inane. ¿Quién podría volver a disfrutar de los placeres más banales de la vida cotidiana cuando ha sufrido el gas venenoso, cuando ha visto la metralla desgarrar los cuerpos de sus compañeros? La guerra moldea el alma sin solución de continuidad. 

'Sin novedad en el frente'
Autor: Erich Maria Remarque
Editorial: Edhasa
No es una cuestión menor. Gran parte de la ideología fascista, tanto en Italia como en Alemania, se basó en el mito de la juventud y de la virilidad. Aquellos movimientos de ínfulas revolucionarias y extremadamente violentos nacerían de las cenizas de la Primera Guerra Mundial, el conflicto que dividió el mundo viejo y el antiguo y que, en el camino, interrumpió el crecimiento de toda una generación. Esos millones de chavales que pegaban tiros en el frente no podían esperar nada ya del futuro ni podían evocar recuerdos del pasado: la guerra les había vaciado por dentro; muertos o vivos, el combate había acabado con ellos. Esta desesperanza vital aparece repetidamente en las páginas de ‘Sin novedad en el frente’, y empuja al soldado a vivir por y para el frente. Al margen de su compañía y de su fusil no hay nada por lo que merezca la pena existir. 

En estas circunstancias, no resulta extraño que los excombatientes que engrosaron las filas de los arditi o de los freikorps hubieran desarrollado un extraordinario sentimiento de camaradería. Aquellos sus compañeros eran todo lo que cualquiera de los miles de jóvenes que acudieron al combate podía esperar de la vida. Esta sensación de desamparo, de abandono de la sociedad, se explica por la propia naturaleza de la Gran Guerra: exaltados por la retórica nacionalista, como da cuenta en sus páginas Remarque, los chavales que se alistaron de manera voluntaria para luchar contra el enemigo lo hicieron azuzados por las figuras de autoridad social: los padres, los profesores, los mayores, todos ellos creían en aquella guerra justa y patriótica. Haced la guerra y volved como héroes. Esta es una batalla que debéis luchar, que será rápida y que, por supuesto, será victoriosa. 

El silencio es la causa de que las imágenes del pasado despierten en nosotros más tristeza que deseo: una inmensa y desesperanzada melancolía. Esas cosas han sido, pero no volverán. Han pasado, pertenecen a un mundo que ha terminado para nosotros. En el patio del cuartel despertaban en nosotros un furioso anhelo y una incontenible rebeldía, nos sentíamos atados todavía a ellos, les pertenecíamos y ellos nos pertenecían aunque estuviéramos separados (…) Pero aquí, en las trincheras, lo hemos perdido todo. Ya no se eleva en nosotros ningún recuerdo; estamos muertos, y el recuerdo planea a lo lejos, en el horizonte. Es una especie de aparición, un enigmático reflejo que despierta, al que tememos y al que amamos sin esperanza. Es intenso, y nuestro deseo es intenso; pero es inaccesible, y lo sabemos. Es tan vano como la esperanza de llegar a general. (…) Quizá eso era tan sólo el privilegio de nuestra juventud; no veíamos todavía ningún límite ni admitíamos término a alguna cosa; sentíamos el impulso de la sangre, que nos identificaba con el correr de nuestros días. Hoy pasaríamos por el paisaje de nuestra juventud como viajeros. Los hechos nos han consumido (…) Estamos abandonados, como niños y somos experimentados como ancianos. Somos grotescos, tristes, superficiales… Creo que estamos perdidos. 

Los acontecimientos se desarrollaron de un modo muy diferente. La guerra se alargó durante cuatro largos años y fue destructiva como nunca antes lo había sido. Sencillamente era una guerra equivocada, instigada en base a las creencias y a los prejuicios equivocados. Remarque muestra con brutal sencillez cómo los jóvenes soldados del frente perdieron la confianza en todo el orden que les había enviado a aquel infierno: no había autoridad que respetar en el Estado, cuyos cimientos se hundieron hasta desaparecer en la Alemania imperial, pero tampoco había motivos para creer en los profesores o en los mayores. La Primera Guerra Mundial abrió una brecha generacional, derrumbó el orden social existente y dio paso a un mundo inestable e inseguro. ‘Sin novedad en el frente’ sólo muestra una pequeña parte de cómo los tradicionales mecanismos de coerción social, al menos en el plano de la legitimidad moral, se derrumbaron. Pero es una parte muy importante. 

Años más tarde la sociedad europea se asomaría al precipicio y caería presa de la más devastadora violencia que el mundo jamás ha conocido. La génesis se encuentra aquí. La caída de los imperios continentales tras la Gran Guerra y la crisis de las democracias subyace en la naturaleza traumática del conflicto. Por supuesto, la obra de Remarque no se adentra tan profundamente en la psicología continental, sino que se limita a plasmar con brillantez y una melancolía desgarradora el día a día de los soldados alemanes. Desde el descanso en los barracones hasta la deshumanización terrorífica de la muerte y la violencia en las trincheras. ‘Sin novedad en el frente’ es también el relato de cómo el ser humano es capaz de convivir con la violencia a costa de la podredumbre espiritual de quienes la ejercen y de cómo el único modo de no reventar, como su protagonista y narrador explica en varias ocasiones, es banalizar hasta límites irrelevantes su propia existencia. 
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De todas estas cosas habla, con una prosa triste pero bella, ‘Sin novedad en el frente’. Resulta lógico que el paso del tiempo haya situado esta obra como un clásico de la literatura antibelicista, pero no cuesta creer a Remarque cuando afirma que no era su intención redactar un alegato antibélico. Las ideas y los recuerdos del autor surgen de lo más profundo de su agotada y traumatizada memoria. Las sensaciones, el dolor, el vacío existencial al que fueron sometidos millones de jóvenes es tangible y honesto en las páginas de ‘Sin novedad en el frente’. Es precisamente por ello por lo que su libro puede ser agitado con ferocidad en discursos antibélicos. Porque muestra el crudo horror de la guerra: el que las cámaras no alcanzan a retratar. El que consume internamente al individuo y a la sociedad.

lunes, 1 de abril de 2013

El hombre que sabía demasiado (Reseña de 'Tienes que contarlo' de José Sanclemente)

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

La información es poder. Quién la tiene se convierte en intocable o en peligroso. Sirve tanto como arma defensiva como con una pequeña daga toledana guardada con recelo para la estocada final. 

José Sanclemente nos cuenta –nunca mejor dicho- en su ‘Tienes que contarlo’, la importancia y peligro de de la privacidad en internet y de las fuentes de información –ya sea una secretaria o un miembro del cuerpo de seguridad, con su placa al pecho-. Una novela negra llena de realidad periodística que, además de entretener y tener al lector en vilo, advierte de la importancia de las redes sociales que todos utilizamos a diario ‘al libre albedrio’ mientras que las grandes empresas cotejan datos, gustos e intereses para su propio beneficio. 

'Tienes que contarlo'
Autor: José Sanclemente
Editorial: Roca Editorial
'La trama llevará al lector de la redacción de ‘El Universal’ a pasear por la Barcelona actual –con un fugaz paso por Nueva York- e investigar el asesinato de ‘Krugman’, el redactor jefe de la sección de economía de este diario que ha sido encontrado muerto en su domicilio. ¿Quién puede estar detrás del homicidio? Querido y odiado a partes iguales, Belarmino Suárez, utilizaba sus fuentes a su antojo. Con un pasado como corresponsal en Nueva York, el periodista era el acicate de las grandes empresas. Experto en todo lo que sucede en Wall Street no se dejaba chantajear siendo un periodista honesto, ¿o no?. 

La investigación llevará a la redactora de sucesos, Leire Castelló, a buscar la verdad sobre el homicidio y sobre la forma de trabajar de Krugman. Le dejen investigar o no –como Margarita Landi-, pero con la valentía de una joven periodista que aún cree en un oficio, que muchos de sus superiores quieren dinamitar buscando otros intereses, logrará esclarecer los hechos. 

Novela bien construida para entretener al lector mientras que el autor deja un pequeño poso para reflexionar. Sanclemente, fundador de extinto ADN y editor de eldiario.es, abre el debate a la caducidad del periódico como medio escrito, la privacidad en internet y como las grandes empresas aprovechan nuestros datos en la red para lanzar sus campañas. 

Un asesinato, presiones de altas esferas, internet y un buen alegato para que los jóvenes periodistas sigamos creyendo en nuestra profesión.
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