martes, 30 de abril de 2013

¿Algún parecido con Rob? (Reseña de ‘Alta fidelidad’ .- Nick Hornby)

Luis Royo Antín (@luisroyoantin)

El reconocimiento que ha tenido –y sigue teniendo- la novela ‘Alta fidelidad’, de Nick Hornby, no se debe exclusivamente a su recordada adaptación cinematográfica, con John Cusack y Jack Black en el reparto, o al prestigio que el autor ha ido adquiriendo con otros títulos, como ‘Fiebre en las gradas’, en la literatura europea de los últimos años. Hay algo más: el protagonista de ‘Alta fidelidad’ es un tipo con el que es fácil toparse en la vida real, tal vez en un pub, y simpatizar con él. Incluso nos podemos ver reflejados directamente en algunos de sus comportamientos, lo que inevitablemente -¡peligro!- nos puede llevar a pensar ciertas cosas sobre nosotros mismos. 

Su nombre es Rob, es treintañero, viste todavía con tejanos y chupa de cuero, no ha tenido relaciones sentimentales demasiado estables en su vida, es propietario de una tienda de discos tan apenas rentable, vive en un cuchitril del norte de Londres y sigue teniendo una pasión irrefrenable por la música pop. Lo sabe todo, desde el telonero del último concierto de una banda de rock de los setenta hasta el año de edición del vinilo de una solista con influencias country. 

'Alta fidelidad'
Autor: Nick Hornby
Editorial: Anagrama
Su vida transcurre sin tan apenas sobresaltos hasta que su novia, quien ha dejado de llevar chupa y tejanos y sí tiene un trabajo muy bien remunerado en la abogacía, le abandona. A partir de este momento, Rob comienza a lanzarse innumerables cuestiones que permanecían ajenas a su particular adolescencia treintañera. Recuerda sus cinco principales rupturas amorosas y se pregunta por qué su vida sentimental ha sido tan catastrófica. Su momento post-abandono le lleva también a plantearse si su gran afición por la música pop ha podido condicionar su forma de ser: “Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda de corriente; nos da miedo que esa especie de la cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y de abandonos, de dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desgraciadas que yo he conocido, románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto por la música pop”. 

Aunque pueda parecer una historia excesivamente triste –de hecho, no nos engañemos, ‘Alta fidelidad’ habla de lo que hablan las letras de las canciones de pop-, el humor en el estilo de Hornby permite digerir, con sonrisas y carcajadas, el desamor, la soledad y las dudas del personaje, así como reflexionar sobre cómo, hombres y mujeres, nos comportamos en situaciones como la del protagonista, estando en pareja o no. 

Prueba del elaborado y original humor que inunda la novela de principio a final son las conversaciones que Rob mantiene con los dos trabajadores de su tienda; dos ‘colgados’ de la música pop que, con carácteres totalmente opuestos, confeccionan listas de los cinco mejores capítulos de ‘Cheers’ o de las cinco mejores canciones para un funeral. Además, los lectores apasionados de los referentes musicales de los últimos años (Aretha Franklin, The Smiths, The Clash, Bob Marley, Neil Young, Suede, Elvis Costello…) van a disfrutar mucho de la banda sonora de la novela y de las referencias que continuamente aparecen en el texto a canciones, discos, anécdotas o conciertos. 

Nick Hornby logra que una historia aparentemente típica y sobradamente abordada en novelas, como lo es una ruptura amorosa, se convierta en todo lo contrario; dado que ‘Alta fidelidad’ es un universo propio, con una música que le viene al pelo, escrito con ingenio y con un Rob simplemente irrepetible en la literatura.

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