viernes, 14 de junio de 2013

Civilización y barbarie en la Europa del siglo XX

Andrés Pérez Mohorte (@Mohorte)

Como casi todos los grandes historiadores que han abordado en un sólo libro la densa historia del siglo XX, Gabriel Jackson se enfrenta en 'Civilización y barbarie en la Europa del siglo XX' a la titánica tarea de compilar de forma sencilla pero completa los acontecimientos más relevantes de la última centuria. Centuria que, en realidad, no lo es tal: se trata del siglo corto de Hobsbawm, el periodo que va desde 1914 y el estallido de la Primera Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Setenta y cinco años que dejaron atrás el viejo mundo, pese a los avances de la Revolución Industrial y la transformación generalizada del mundo occidental, y que abrieron la puerta a nuevas estructuras políticas y sociales, desde la democracia generalizada en todos los países europeos hasta los mayores progresos económicos jamás contemplados en la historia de la humanidad. Jackson se enfrenta a la compleja tarea de resumir y presentar de forma simple y para el público general todos los hechos que se desarrollan desde el inicio hasta el final (y más allá) de este siglo corto. Antes que nada, podemos preguntarnos si realmente lo consigue. ¿Es así? Desde mi punto de vista sí. Al menos en lo que se refiere a la compilación general y esquemáticamente resumida de la historia lineal del siglo XX. Jackson ofrece aquí un verdadero manual para principiantes de todo lo que sucedió durante estos relevantes setenta y cinco años. 

'Civilización y barbarie en la Europa
del siglo XX'

Autor: Gabriel Jackson
Editorial: Crítica
De manera indudable, el libro de Jackson recompone y divulga, siempre desde su interpretación particular que jamás queda exenta de opiniones personales, la historia del siglo XX en una lectura cómoda y rápida. Sin apenas pies de página y con una línea argumental muy clara desde el inicio hasta el final: para Jackson, el siglo XX es un siglo fundamentalmente de contrastes. De los descubrimientos científicos y sociales más sorprendentes de la historia de la humanidad y de los progresos económicos y más relevantes (civilización), pero también de las mayores atrocidades que los hombres y las mujeres del mundo jamás hayan contemplado (barbarie). La idea flota constantemente en el aire. Y la pregunta también parece plantearse implícitamente durante todos los capítulos, que abordan de forma independiente los lapsos históricos que deben ser explicados por sí mismos. 

¿Qué es el siglo XX? ¿Un siglo donde las sombras pesan más que las luces o viceversa? A esta respuesta parece hacer frente Jackson cuando, capítulo sí capítulo no, introduce relatos largos y concienzudos sobre los avances en las ciencias sociales o en las ciencias exactas. Los hila, además, con indudable talento junto a la narración histórica, lo que dota a estos escarceos en materia científica de enorme coherencia con el resto del relato (como por ejemplo, las páginas dedicadas al descubrimiento de la bomba atómica). Esta característica dual del libro supone todo un reto para el lector y para el propio Jackson, porque propone un dilema que sólo la propia visión de la humanidad de cada uno puede resolver en función de si es optimista o pesimista por naturaleza. Es decir, que pese a su interpretación personal e indudablemente documentada y fidedigna, Jackson juega con el lector y le propone reflexionar por sí mismo sobre el siglo XX. ¿Optimista o pesimista? En función de cada cual, el devenir de este siglo será el ejemplo del progreso o de la decadencia. 

Desde mi punto de vista, la visión de Jackson al respecto es indudablemente positiva. Pese a glosar las mayores barbaridades que el hombre pueda cometer, Jackson siempre encuentra un agujero desde el que demostrar que, pese a todo lo malo que engendró el siglo pasado, siempre hubo motivos por los que enorgullecerse del ser humano. Un ejemplo paradigmático de esto es, de nuevo, la Segunda Guerra Mundial. Cuando Jackson analiza los diversos grados de colaboracionismo de los países ocupados, siempre parece flotar en el ambiente la idea de que, por más que los nazis corrompieran a sus dominados, éstos se las arreglaban de un modo u otro para buscar el beneficio de su propia comunidad. Con matices, por supuesto. En ocasiones, no obstante, estos matices son demasiado ligeros, y a veces da la sensación de que Jackson es demasiado simplista y esquemático en sus ideas. Es un defecto achacable a la intención divulgativa del texto, que obvia un relato repleto de detalles frente a la relación sencilla de causas y consecuencias. 

Otro último detalle que me ha interesado del libro es el notable peso de las personalidades que otorga Jackson a la confección del siglo XX. No ya sólo a la hora de hablar de los grandes descubrimientos científicos de los últimos cien años, sino también a la hora de explicar determinados eventos históricos. De ningún modo Jackson desprecia las tendencias históricas, los contextos sociales o los contextos económicos. Pero en su historia la personalidad concreta de tal o cual personaje histórico guarda una importante relación con lo que sucedió y con lo que pudo no haber sucedido. Una muestra de ello es su capítulo sobre el florecimiento de dictaduras autoritarias de corte fascista en Europa del Este y del sur durante los años de entreguerras. Mientras analiza las diferencias entre unos países y otros, recalca que algunos de los motivos por los que unas dictaduras fueron más sangrientas que otras tienen que ver con los propios dictadores que estuvieron al frente. Un caso obvio de esto es cuando describe a Miguel Primo de Rivera como un líder suave, en proporción a los reyes de Rumanía o de Yugoslavia, algo que le permite dibujarlo con cierta benevolencia pese a su carácter autoritario. Y otro, el caso particular finlandés. 

Tras analizar la convulsa situación finesa tras la Primera Guerra Mundial, Jackson determina finalmente que el motivo último de la supervivencia de la democracia en el país se debió al carácter político parlamentario de sus tres dirigentes más relevantes de la época. Cabe plantearse si realmente las personalidades de los distintos dirigentes de Europa fueron tan relevantes como Jackson cuenta. Es cierto que resulta necesario alejarse de los determinismos históricos, pero no lo es menos que la acción individual de las personas no oculta las causas estructurales y los profundos procesos de transformación política y social que reconfiguraron Europa. Esta visión de Jackson, de un claro tinte individualista acorde quizá a su perspectiva judeo-liberal del siglo XX, choca con otras visiones y escuelas históricas y, en última instancia, puede despertar ciertas suspicacias por parte del lector. 

Por último, cabe resaltar que 'Civilización y barbarie en la Europa del siglo XX' es una visión personalísima de Jackson sobre la historia. Sus opiniones y vivencias personales están siempre presentes y Jackson lo deja claro desde el inicio. Para mí, este hecho, lejos de suponer una intromisión inaceptable en la equidistancia y labor profesional del historiador, es una virtud. Las opiniones enriquecen los textos de Jackson y dejan claro al lector que ésta es una y sólo una de tantas visiones del siglo XX que se pueden encontrar en las bibliotecas. Un hecho, además, que dota de gran magnetismo a la lectura del libro. En resumen, 'Civilización y barbarie en la Europa del siglo XX' es un acercamiento idóneo para principiantes a la densa historia de la Europa reciente, que abarca ciencia, política y sociedad y que está escrito con fluidez e inteligencia.

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