lunes, 19 de agosto de 2013

Nada es lo que parece en la costa gallega (Reseña de 'Los hijos del mar' de Pedro Feijoo)

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

Suena el teléfono y Simón, un arquitecto que sueña con ser conocido en su ciudad, es contratado para arreglar la fuente de la finca de una de las familias más importantes de Vigo. Una persona normal que verá como su vida cambia cuando menos esperaba. De esta forma comienza 'Los hijos del mar' el debut literario de Pedro Feijoo. 

'Los hijos del mar'
Pedro Feijoo
Editorial: Espasa
Una novela que no tiene nada que envidiar a las grandes aventuras europeas que estamos acostumbrados a ver en las estanterías de las librerías. Un tesoro hundido desde el s.XVIII, muchas leyendas sobre dónde puede encontrarse y miles de intrépidos aventureros que se marchan a casa con las manos vacías, se une a la historia de una familia donde nada es lo que parece y a la que el tesoro le llevará a protagonizar una gran historia muchos años después.

Con una magnifica pareja, bien perfilada por el autor, y una trama de mentiras, historia y un alemán con mala uva, Feijoo engancha al lector desde el primer instante. Una historia de aventuras en la que se entremezclan la novela negra y la de viajes. Un buen cóctel para las vacaciones.

Es hora de defender la novela negra española. Hastiado de ver títulos de novela nórdica, se agradece que el autor nos haga viajar a Galicia, a Vigo, y en ese enclave, con un breve paso por Barcelona, nos haga disfrutar de su arquitectura y sus calles, de su historia y de la Isla de Oms. Todo esto bañado con el ácido sentido del humor de Simón, que por reírse se ríe hasta de sí mismo. Un personaje entrañable, enamoradizo, y guiado por una mujer bandera como Mariña

Con 'Los hijos del mar', Pedro Feijoo encandiló primero a sus paisanos gallegos, ganando el Premio Xerais,  y tras la traducción al resto de España demostrando que la literatura gallega está en muy buena forma con Domingo Villar y él mismo como baluartes. 

Una gran aventura, un tesoro y muchas sorpresas en una historia en lo que nada es lo que parece. 

viernes, 16 de agosto de 2013

Entrevista a José Sanclemente

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

El pasado julio, José Sanclemente publicaba su segunda novela 'No es lo que parece' (Roca Editorial, 2013). La pareja formada por el policía Julián Ortega y la periodista Leire Castelló vuelve con un nuevo caso. Por este motivo hemos querido entrevistar al autor para que nos cuente de primera  mano lo que pasa por su cabeza y por la de sus personajes sobre la España en la que vivimos. 

AaRazones: El José Sanclemente escritor se ha propuesto atizar a los medios de comunicación y dejar en evidencia a las personas que se sientan en la butaca del despacho de Dirección ¿no? 

José Sanclemente: No . No es ni ha sido mi intención. Me considero amigo de muchos de los que hoy están al frente de la gestión de los medios de comunicación y se que están pasando momentos muy complicados y difíciles. Algunos de ellos tiene que tomar decisiones que no les son nada agradables. Solo estaría en desacuerdo con aquellos que tiran la toalla, que no creen en los medios que dirigen y que los utilizan y gestionan solo con criterios financieros y economistas sin ver más allá… No son capaces de recuperar la esencia de la profesión de editor y, por tanto se auto invalidan para hacer un buen producto periodístico. Me parece más honesto lo que ha hecho la familia Graham propietaria por generaciones de The Washington Post : si crees que no eres capaz de lamentar tu medio, de desarrollar un producto de futuro , ponlo en manos de alguien que crea en ello antes de que se hunda. 

AaR: Lo que está claro es que ha conseguido crear una pareja atractiva (Julián Ortega y Leire Castelló) y bastante concienzuda… ¡no dejan títere con cabeza! 

J.S:  Julián Ortega es un policía muy pragmático, es honrado e inteligente y busca la verdad desde la óptica de la investigación pura , lo más objetivamente posible,…sin hacer juicios de valor en el entorno social en el que se mueve (o por lo menos lo intenta). Leire es una periodista de raza, no puede dejar de pensar en la búsqueda de la verdad pero en el fondo es muy emocional y es consciente de que el periodismo tiene un papel relevante en la sociedad: no puede defraudar a sus lectores y oyentes, porque en el fondo se frustra y engaña ella misma. Sí creo que ambos se complementan …quizás por ello también tienen esa relación a veces convulsa. 

AaR:  Parece que ha iniciado una saga con los medios de comunicación como pretexto para explicar la sociedad en la que vivimos ¿era esta su intención? 

J.S.  Solo me interesa escribir sobre la realidad , sobre lo que creo que está pasando en la sociedad actual en la que vivimos y los medios de comunicación son un vehículo perfecto para mostrar el pulso de los cambios que padecemos. No pretendo hacer un tratado de los medios de comunicación, pero si contar que el periodismo es fundamental para que la sociedad gane en coherencia , cohesión y en democracia real. El periodismo debe ser el contrapoder y la voz de los más débiles. Ese mensaje me interesa hacerlo llegar mis lectores. 

AaR: Tal y como están las cosas.. a ver quién es el valiente que se atreve a mandar un e-mail sin mirar a su espalda, el antivirus o al vecino de enfrente ¿no? 

J.S: El control al que estamos sometidos en la sociedad tecnológica actual viene marcado por la exposición de nuestra privacidad y por el uso de las redes sociales y en general de Internet. No somos conscientes , muchas veces, que cuando vertimos informaciones, pensamientos, fotografías, documentos…etc. a la red éstos ya no nos pertenecen. Lo que no pensaba es que, como en mi primera novela ('Tienes que Contarlo'), estuviera organizado por los servicios de espionaje de los gobiernos con la excusa de la Seguridad Nacional. Lo que ha develado recientemente Snowden, que había trabajado en la CIA, supera a mi propia ficción . Deberíamos ser más prudentes en la utilización de la red . De nuevo el periodismo tiene terreno por delante para denunciar los desmanes de los gobiernos y su afán por controlar a los ciudadanos. 

AaR: En Atendiendo a Razones escribimos jóvenes periodistas, con más o menos suerte en el mundo laboral, y estamos preocupados por nuestro futuro y el de la profesión. ¿Se está convirtiendo el periodista en un escribano corporativo? 

J.S:  La forma de trabajo en el sector está cambiando. La crisis de los medios convencionales, los ERE en las empresas periodísticas y los recursos escasos para desarrollar el trabajo de los periodistas están dando paso a nuevos modelos de hacer periodismo. Estos modelos se han de basar en: 
1.- Ser especialistas y no darle a todo.No se puede hacer buen periodismo de deportes , sucesos, política, economía etc..con recursos escasos. Hay que concentrarse en lo que mejor sabe hace uno y hacerlo muy bien para ganarse un nicho de audiencia con honestidad e independencia. 
2.- Agrupar el talento periodístico en u proyecto común en el que lo más importante inicialmente no sea lo económico (haciendolo con cabeza) , si no conseguir audiencia (interés por los lectores) con ello llegará el modelo económico. 
3.- INDEPENDENCIA DEL MEDIO : No hay más compromiso que con los lectores. 

AaR: ¿Cómo habría tratado Leire Castelló el Caso Bárcenas? 

J.S: JAJAJA, la información del caso Bárcenas llega filtrada por conductos interesados y a determinados medios en concreto. No obedece a la labor de un solo periodista que ha descubierto a un presunto delincuente que ha puesto en tela de juicio al PP y al gobierno entero. Pero Leire estaría muy enfadada con Rajoy porque le ha mentido. No soportaría que un presidente de gobierno saliera de rositas con las mentiras a cuestas cuando el resto de los ciudadanos han de aguantar unos recortes que les conducen a mayor paro y empobrecimiento Leire no le dejaría ni un palmo de terreno a Rajoy para vivir en la mentira. 

AaR ¿Seguiremos disfrutando del tándem Ortega-Castelló? ¿Tiene algún proyecto literario en mente? 

J.S:  Estoy en ello. Creo que tienen una tercera novela… pero es pronto. 

 EL TEST DE AaR 

  • Un libro: 'Los girasoles ciegos' de Alberto Méndez 
  • Una película: El año que vivimos peligrosamente 
  • Un disco: 'Sultan of Love' de Dire Straits 
  • Última novela leída: 'Eres el siguiente' de Gregg Hurwitz 
  • ¿Qué opina de los e-reader y e-books? leo en ellos cada vez más. 
  • ¿Y de la Generación Kindle? es el presente en breve o el futuro inmediato.

jueves, 15 de agosto de 2013

El profeta de la ciencia ficción (Reseña de 'El jinete de la onda del shock' .- John Brunner)

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

Gigamesh vuelve a publicar ‘El jinete de la onda del shock’, descatalogada desde los 80, y revive un clásico de la ciencia ficción. Una obra redonda que culmina la carrera de John Brunner catapultada por la ‘Trilogía del desastre’. 

'El jinete de la onda del shock'
Autor: John Brunner
Editorial: Gigamesh
El que escribe no es muy dado a leer cifi. Más por desconocimiento que por falta de ganas. Sin embargo, la temática y la etiqueta de clásico de ‘El jínete de la onda del shock’ me hizo acercarme a la obra de John Brunner y, tras concluirlo, a recapacitar, pensar y no parar de sorprenderme de la capacidad de análisis de su autor. 

Les pongo en antecedentes. La obra es una novela escrita en 1975 cuya historia se desarrolla en 2010. Hasta aquí todo correcto. El 'intríngulis' viene cuando Brunner a través de esta novela, sobre un joven superdotado captado para un proyecto secreto gubernamental, predice muchas de las situaciones que se están dando en la sociedad actual con una verosimilitud apabullante. 

Nickie Haflinger, así se llama nuestro protagonista, es un pequeño huérfano superdotado que es entrenado y utilizado por el gobierno de los EE.UU. para adoctrinando en la nuevo carrera contra otros países: la de una sociedad superdotada. Con atisbos de lo que el autor viviera, en la lucha entre naciones en la carrera armamentística y espacial, lleva hasta nuestra época la carrera por la era de la comunicación. 

Brunner crea una sociedad interconectada, creando un primitivo internet, donde la información lo es todo y en la que todo el mundo se siente vigilado (como ha intentado demostrar Snowden en los últimos meses). 

El personaje protagonista consigue escapar con el código que le permite borrar su pasado y crear tantas identidades le hagan falta para huir y mantener su libertad. De esta forma se convierte en un ‘hacker’ que tras preocuparse por su supervivencia irá contra un poder asentado en la corrupción sistematizada ¿les suena un mundo parecido? 

A través de este sistema informatizado, el protagonista comienza a sacar a la luz datos secretos (Wikileaks profetizado) y echar abajo el sistema gracias a unos archivos llamados worms (¡vaya! Un virus llamado gusano) para robar datos sin que nadie se percate. 

Pero Brunner no solamente predice, cual Julio Verne, las tecnologías del futuro si no que capta a la perfección a la sociedad. Personas nómadas sin arraigo que buscan un futuro sin pensar en el presente. Una sociedad con un vacío existencial rodeada de tecnología que lo realiza todo. 

 En conclusión una novela con cientos de lecturas que refleja a la perfección nuestra época, escrita por el autor que le dio un empujón a la New Wave profetizando en 1975 nuestros problemas, nuestras angustias, nuestros políticos y nuestra sociedad informatizada, esclava y en búsqueda de futuro.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Sacudidas terrenales (Reseña de ‘Después del terremoto’ Haruki Murakami)

Juan Diego Mora (@Juandi_mora)

Existen circunstancias, situaciones que lo cambian todo, que provocan un estado anímico diferente a más de un individuo. Los hechos repentinos de grandes consecuencias azotan la conciencia de una sociedad al completo. Tal vez, la cambie para siempre. 

'Después del terremoto'
Autor: Haruki Murakami
Editorial: Tusquets Editores
Esta es la premisa que utiliza Haruki Murakami en el libro de relatos ‘Después del terremoto’. Seis historias de diferentes personas donde el seísmo de Kobe de 1995 es protagonista. No se esperen escenas dramáticas de edificios derruidos, cadáveres entre los escombros y penuria por la escasez de víveres. El hueco que provoca el terremoto en los protagonistas de cada una de las historias está dentro de su persona. 

Situaciones cotidianas que se convierten en un absoluto infierno sin motivo aparente. Algo sucede después de que una mujer vea las noticias sobre el seísmo en la televisión. Un anciano encuentra la tranquilidad espiritual enciendo fuegos en la playa para olvidar la vida que tuvo en algún momento en la ciudad de Kobe. Otra mujer encuentra la paz en una ‘organización religiosa’, pero su hijo no comprende su actitud. Historias aparentemente sin conexión, pero que sumergen al lector en la catástrofe. 

Una vez más, el autor japonés nos regala pequeñas joyas de no más de 30 o 40 páginas en las que consigue mostrar la esencia de las relaciones humanas, pero en la que siempre me deja con ganas de conocer más detalles, de saber más sobre los personajes. En conclusión de que cada historia se convierta en un texto más largo. En una novela. 

Una obra corta, que bien administrada (en pequeñas dosis) te reconcilia con la lectura. Pequeñas píldoras de buena narrativa. Momentos de intimidad con los personajes. 

De nuevo Murakami explora al ser humano. Tal vez no pase nada durante la historia, pero una vez terminada algo queda en el interior del lector.

martes, 13 de agosto de 2013

Cumpliendo tópicos (Reseña de 'Guerra Mundial Z'.- Max Brooks)

David Sediles (@davizoaf)

'Guerra Mundial Z' es el título del libro que publicó Max Brooks en 2006 (editado en España en 2008 por Almuzara) del que recientemente se ha estrenado su versión cinematográfica homónima. Aunque más allá del título son muy escasas las similitudes que ambas obras comparten. 

'Guerra Mundial Z'
Autor: Max Brooks
Editorial: Almuzara
El libro plantea un sugerente ejercicio imaginativo-especulativo del tipo “qué pasaría si…”. En este caso el supuesto es si una plaga zombi se desatara sobre todo el mundo. La principal diferencia con otras obras de temática zombi es un proceso de incubación más lento que haría tambalearse los cimientos de la sociedad pero que no llegaría a tumbarla completamente e incluso permitiría a los más atentos estar mínimamente preparados para el conflicto. 

El texto intenta especular de un modo más o menos realista, todo lo realista que esta temática pueda permitir, sobre los cambios que esa plaga transformada en una guerra a nivel mundial traería. Las transformaciones planteadas pertenecen a campos muy diversos como la economía, los movimientos demográficos, las relaciones internacionales o la ecología. 

El método mediante el que se expone la historia de la guerra zombi es una serie de entrevistas llevadas a cabo por un trabajador de las Naciones Unidas a supervivientes de ésta. Los testimonios pertenecen a personas que tuvieron papeles destacados como actores o como testigos de las distintas etapas en que la crisis está dividida desde la búsqueda del paciente cero hasta su final. 

El principal problema del libro es que se puede percibir a la legua que está escrito por una persona de nacionalidad estadounidense. A pesar de que se declara el conflicto como mundial el peso de los relatos sobre lo sucedido en Estados Unidos es abrumador sobre el resto del planeta. Por poner un ejemplo entre las decenas de entrevistas que contiene el libro solo se hace referencia a un país africano y no hay ninguna dedicada a lo acontecido en países de América del Sur o Central. Con lo cual se dejan a medias procesos de cambio muy interesantes en otros países mientras que sobre los Estados unidos se explayan hasta la anécdota más nimia. Aparte de que, ¿cómo no?, son los Estados Unidos también los que lideran la contraofensiva contra los no muertos. Aunque se agradece que el autor no llegue a límites de patrioterismo como los vistos en infinidad de obras como 'Independence Day', por ejemplo. 

Pero al margen del ombliguismo yanqui Guerra Mundial Z es un libro entretenidísimo que plantea unas posibilidades distópicas muy sugerentes y de una lectura sencillísima. En cambio, la película recientemente estrenada pierde todas estas posibilidades para convertirse en otra entrega de la saga “cosas que explotan” en la que Brad Pitt, productor de la misma, se erige en salvador personal de la humanidad. Una vez más se cumple el tópico de que el libro es mejor que la película.

domingo, 4 de agosto de 2013

Arte contemporáneo: negocio y creación (Reseña de 'Siete días en el mundo del arte' .- Sarah Thornton)

Carlos Gamissans (@gamissans)

Arte contemporáneo: negocio y creación Un recorrido por el mundo del arte contemporáneo no es una empresa sencilla. Se trata de un ambiente complejo y de difícil acceso en el que se mueven algunas de las personas más poderosas del mundo. Sarah Thornton, licenciada en Historia del Arte y doctorada en Sociología, aúna ambas facetas para ofrecernos un retrato interesante que dice mucho acerca de los engranajes del capitalismo. El arte entendido como mercancía, como ostentación social, como empleo, como vocación… lo mejor de este ensayo es la cantidad de puntos de vista que ofrece, gracias a un trabajo de investigación notable por parte de la autora. 

'Siete días en el mundo del arte'
Autor: Sarah Thornton
Editorial: Ensayo Edhasa
'Siete días en el mundo del arte' (publicado en castellano por la editorial Ensayo Edhasa en el año 2010) plantea al lector un viaje a los escenarios más destacados del arte. Así, la estructura sigue siete capítulos que exploran diferentes entornos. En el primero se adentra en una subasta, donde el arte se vuelve más vívidamente una mercancía, un objeto de consumo por el que pujan millonarios aburridos o entusiastas. La mayoría de artistas se sienten desubicados en un evento de este tipo y prefieren no asistir, tal vez para conservar un poco de romanticismo acerca de la creación. 

La jerarquización del mundo del arte queda muy patente en este capítulo. Sarah Thornton describe una venta en el Rockefeller Center de Nueva York. Realiza numerosas entrevistas (esta es una constante a lo largo del ensayo, que cuenta con fragmentos de cientos de ellas) que permiten comprender todo el proceso de venta de una obra. 

Millones de dólares gastados en pocos minutos dan un poco de vértigo, más en estos tiempos de crisis. El arte contemporáneo también se había convertido en una burbuja que, en cierto modo, ha explotado junto con los bancos. El acto de comprar es glorioso, mientras que en este contexto vender resulta casi humillante. Incluso se llega a exagerar el precio de ciertas obras para provocar titulares más grandes que los periodistas escriben desde los rincones más humildes de las casas de subastas. 

 Los coleccionistas son el alimento del mercado, aunque los hay de muchos tipos. Algunos como Carlos Slim, el multimillonario mexicano, se dedican a acumular pinturas y esculturas sin ton ni son; otros se informan, reflexionan y, con el tiempo, construyen una vasta red de obras que les prestigian como coleccionistas. 

El capítulo dos funciona como contrapunto. La escritora se va a California, al Institute of the Arts, para asistir a las clases e interactuar con alumnos y profesores. Los estudiantes deben someterse al juicio público de sus obras, tratar de explicarlas incluso si se sienten incapaces de hacerlo, defender el criterio que han seguido en su creación y mostrarse receptivos a las opiniones de los demás. 

El objetivo de la institución es ir más allá de lo comercial y ayudar a cada artista a encontrar su propia voz. La mayor parte de los estudiantes no llegarán al estrellato, sus obras no se expondrán en museos ni serán objeto de puja entre los grandes coleccionistas. Sin embargo difícilmente olvidarán la experiencia, ya que poco tiene que ver con unas clases universitarias convencionales. 

'Siete días en el mundo del arte' no estarían completos sin incluir una visita a la feria de Basilea, la más importante del mundo. No se trata del mejor lugar para contemplar el arte, ya que las obras no se hallan ordenadas según los criterios de un curador sino, en cierta forma, acumuladas y pujando por llamar la atención. Tampoco es el mejor sitio para aquellos creadores más conceptuales que no se dedican a “fabricar” objetos comercializables. Pero sin duda es un gran evento donde las ventas se disparan y, en cierta forma, una fotografía del momento del arte contemporáneo, aunque no sea sencillo acertar con el encuadre. 

En el cuarto capítulo Sarah Thornton explora el proceso que se sigue para entregar el premio Turner, que se otorga a un artista británico cuya carrera se verá notablemente realzada. Los nervios de los nominados y las dudas del jurado se mezclan formando una extraña expectación. La valoración del arte es subjetiva y, por mucho que se traten de argumentar las posturas, el gusto estético del jurado es el aspecto fundamental que determinará el resultado. 

Además, cuando los candidatos están especializados en distintas modalidades artísticas, es todavía más complicado hallar razones objetivas. Pero tal vez no sea necesario. ¿Cómo explicar por qué una escultura vale más que un cuadro? ¿Es más meritorio transformar la tradición o arriesgarse a emplear nuevas técnicas? 

Quizá lo interesante es que la excusa del premio permite conversar sobre arte e incrementar el interés del público por descubrir sus creaciones. Dada la ingente cantidad de artistas (se denominen así o no) que pretenden destacar, se antoja imprescindible la presencia de especialistas que seleccionen aquello que más merece la pena contemplarse. Por ello el prestigio del premio va irremediablemente ligado al de los miembros del jurado. 

El quinto capítulo gira en torno a la revista de arte Artforum, con sede en Nueva York. Me ha gustado conocer cuál es el funcionamiento de este medio que pretende ser un foro de debate y reflexión sobre el arte contemporáneo. La mayoría de sus colaboradores no son historiadores del arte, explica la autora, sino expertos en literatura o escritura creativa, lo que demuestra que el conocimiento es más transversal que nunca. 

Por su parte Tony Korner, el dueño de Artforum, asegura que la clave para construir una buena revista de arte es no dejarse llevar por los criterios del mercado. Aunque ejerce influencia lo hace como si no lo pretendiera, porque si se limitara a reforzar a los artistas más valorados del momento su existencia carecería de sentido. 

En el sexto capítulo la escritora se va a Tokyo para visitar el estudio de Murakami, uno de los artistas contemporáneos más afamados de Japón. A mi juicio en este capítulo la autora se pierde en dar demasiadas descripciones que no aportan demasiado, aunque algunos fragmentos si nos sirven para comprender, entre otras cosas, cómo la influencia de Andy Warhol sigue sin apagarse. 

Murakami es un diseñador y un fabricante de arte que utiliza las nuevas tecnologías y dirige un equipo amplio para crear la obra perfecta que ha concebido previamente. Así se entiende que la creación es hoy un proceso más colectivo que nunca. Hay que desterrar la idea del artista romántico encerrado en su torre de marfil, cabalgando con las musas en un vagar sublime. 

El recorrido por el arte contemporáneo desemboca en la Bienal de Venecia. Entre góndolas y jacuzzis, Thornton visitará los pabellones de cada país que son en realidad emblemas del nacionalismo. La dimensión política del arte queda patente al observar que los países con relaciones diplomáticas más estrechas, como por ejemplo Israel y Estados Unidos, sitúan sus estructuras en posición contigua. 

La evolución del protagonismo de los países también refleja su pujanza económica y su peso en el contexto geo-político internacional, además de mostrar una situación mucho más polarizada que en el pasado. Nueva York, París o Londres ya no son las únicas capitales a las que se debe prestar atención. 

En resumen, Siete días en el mundo del arte es un ensayo que ayuda a captar el ritmo al que bailan los protagonistas del exclusivo mundo del arte contemporáneo: artistas, galeristas, coleccionistas, críticos… son personajes sin cuya presencia el guión de esta película no estaría completo. 

La visión de la autora carece de cualquier clase de idealismo. Busca esclarecer los aspectos más polémicos y los puntos más oscuros a través de los testimonios de numerosas personas que forman parte del decorado. No da su opinión y más bien parece limitarse a ser una cámara humana que lo graba y escucha todo. Su estilo sobrio, periodístico, resulta bastante adecuado aunque, en mi opinión, algunos pasajes están de más y la acumulación de cita tras cita, descripción tras descripción, puede llegar a cansar en determinadas fases. 

El ensayo se lee con más ganas en sus primeros capítulos, si bien en ningún momento decae por completo. Hay que felicitar a la autora por ofrecernos un semblante bastante riguroso, a la vez que desconocido, del arte contemporáneo. Se nota que se ha documentado y preparado a conciencia. Tal vez se recrea demasiado en ciertos fragmentos, pero en líneas generales nos da una visión amplia, con múltiples perspectivas, de un universo que gira siguiendo sus propias órbitas, como en una galaxia paralela a la que pisamos la mayoría de simples aficionados al arte.

Holden Caulfield, nuestro guardián eterno (reseña sobre El guardián entre el centeno)

Rocío Nuñez (@potablava13)

El verano quizá sea la época del año preferida por los lectores, al menos en lo que se refiere a la lectura. Tenemos más tiempo libre, menos preocupaciones y ganas de relajarnos, así que los libros se convierten en los acompañantes perfectos para viajar desde el sofá, desde la playa o desde la piscina. También son la llave para encontrarnos y, por qué no, para perdernos. 

'El guardián entre el centeno'
Autor: J.D. Salinger
Editorial: Alianza Editorial
A mediados de junio, Elena Sanz publicaba en la revista Muy Interesante un artículo en el que explicaba la importancia de leer durante el verano, especialmente a lo largo de la infancia. Sanz explica que el profesor Richard Allington y sus colegas de la Universidad de Tennessee han demostrado que si dejamos de leer durante el verano nuestras habilidades lectoras adquiridas durante el resto del año se pierden. Sin embargo, los niños pueden ganar un mes de destreza en la lectura cada verano. 

Este artículo me hizo viajar a mi infancia. Empecé a leer con pasión a partir de los ocho años, gracias al trabajo excelente de una de mis profesoras de primaria, también gracias al apoyo de mi madre. Pocos años tardé en empezar a realizar un ritual que se repite verano tras verano: ir un día a una librería, perderme entre libros y gastarme una gran parte de lo ahorrado durante todo el año. En una de estas visitas encontré 'El guardián entre el centeno', de J. D. Salinger. Tenía 18 años y recuerdo que fue un año difícil, por no decir fatídico. Fue un año de cambios muy bruscos, de las primeras grandes decepciones, de superar retos que parecían inalcanzables, de comprobar que nada está seguro y de que en cualquier momento puede derrumbarse, en definitiva, era el momento de convertirme en adulta. 

Tras una noche de charla en Huelva con mi abuela, a las tantas de la madrugada, harta de no poder conciliar el sueño, cogí el libro; me esperaba impaciente sobre la mesilla. Rebusqué a oscuras entre mi bolso para encontrar mi lápiz y de puntillas me fui al comedor de la casa que mis padres habían alquilado. Abrí la novela, respiré hondo y me quedé leyendo hasta por la mañana. Y es que Holden Caulfield, el protagonista, era la persona que estaba buscando. ¡Por fin alguien que me entendía! 

Es bien sabido que los adolescentes creen que el mundo está en su contra, o bien que ellos están en contra del mundo, de ahí el aislamiento que lleva una soledad demoledora. Salinger supo captar a la perfección ese sentimiento que muchos suelen vestir con ñoñería o con un dramatismo sobreactuado. Saligner simplemente explicó una realidad, la del joven que quiere comerse el mundo y acaba siendo el mundo quien se lo come a él, y esa realidad –a veces presentada como locura- narrada por el mítico autor sigue rompiendo las barreras generacionales, también las de la razón y los sentimientos. El guardián entre el centeno se ha convertido en nuestro centinela eterno.
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