domingo, 4 de agosto de 2013

Holden Caulfield, nuestro guardián eterno (reseña sobre El guardián entre el centeno)

Rocío Nuñez (@potablava13)

El verano quizá sea la época del año preferida por los lectores, al menos en lo que se refiere a la lectura. Tenemos más tiempo libre, menos preocupaciones y ganas de relajarnos, así que los libros se convierten en los acompañantes perfectos para viajar desde el sofá, desde la playa o desde la piscina. También son la llave para encontrarnos y, por qué no, para perdernos. 

'El guardián entre el centeno'
Autor: J.D. Salinger
Editorial: Alianza Editorial
A mediados de junio, Elena Sanz publicaba en la revista Muy Interesante un artículo en el que explicaba la importancia de leer durante el verano, especialmente a lo largo de la infancia. Sanz explica que el profesor Richard Allington y sus colegas de la Universidad de Tennessee han demostrado que si dejamos de leer durante el verano nuestras habilidades lectoras adquiridas durante el resto del año se pierden. Sin embargo, los niños pueden ganar un mes de destreza en la lectura cada verano. 

Este artículo me hizo viajar a mi infancia. Empecé a leer con pasión a partir de los ocho años, gracias al trabajo excelente de una de mis profesoras de primaria, también gracias al apoyo de mi madre. Pocos años tardé en empezar a realizar un ritual que se repite verano tras verano: ir un día a una librería, perderme entre libros y gastarme una gran parte de lo ahorrado durante todo el año. En una de estas visitas encontré 'El guardián entre el centeno', de J. D. Salinger. Tenía 18 años y recuerdo que fue un año difícil, por no decir fatídico. Fue un año de cambios muy bruscos, de las primeras grandes decepciones, de superar retos que parecían inalcanzables, de comprobar que nada está seguro y de que en cualquier momento puede derrumbarse, en definitiva, era el momento de convertirme en adulta. 

Tras una noche de charla en Huelva con mi abuela, a las tantas de la madrugada, harta de no poder conciliar el sueño, cogí el libro; me esperaba impaciente sobre la mesilla. Rebusqué a oscuras entre mi bolso para encontrar mi lápiz y de puntillas me fui al comedor de la casa que mis padres habían alquilado. Abrí la novela, respiré hondo y me quedé leyendo hasta por la mañana. Y es que Holden Caulfield, el protagonista, era la persona que estaba buscando. ¡Por fin alguien que me entendía! 

Es bien sabido que los adolescentes creen que el mundo está en su contra, o bien que ellos están en contra del mundo, de ahí el aislamiento que lleva una soledad demoledora. Salinger supo captar a la perfección ese sentimiento que muchos suelen vestir con ñoñería o con un dramatismo sobreactuado. Saligner simplemente explicó una realidad, la del joven que quiere comerse el mundo y acaba siendo el mundo quien se lo come a él, y esa realidad –a veces presentada como locura- narrada por el mítico autor sigue rompiendo las barreras generacionales, también las de la razón y los sentimientos. El guardián entre el centeno se ha convertido en nuestro centinela eterno.

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