viernes, 3 de marzo de 2017

Antígona en el siglo XXI (Reseña de 'Antígona' de Sófocles)

Para entender el presente hay que conocer el pasado. Esta es una frase tan manida como cierta. Solo hay que hojear algún ensayo histórico, tirar de hemeroteca o recordar lo estudiado.
Sin embargo, todo esto toma otra dimensión cuando leyendo tragedias griegas escritas hace casi 2500 años te encuentras pasajes y frases lapidarias que podrías extrapolar al presente.

'Antígona'
Sofocles
Ed: Penguin Clásicos
Esto me ocurrió leyendo 'Antígona' de Sófocles. Llegueé a esta obra tras leer 'Edipo Rey' por un miniclub de lectura de "teatro para neofitos" propuesto en el foro amigo 'Ábrete libro'. Mi objetivo era leer algo diferente que se saliese de mi zona de confort lectora. Y me sorprendió gratamente. Pero me gustó todavía más el debate que se creó en el foro y que me animó a escribir este post. Algo así como Antígona en el siglo XXI.

Tras el mal presagio hecho realidad en 'Edipo Rey', la ciudad de Tebas es reinada por los hermanos de Antígona. Estos llegan al acuerdo de turnarse el poder siendo rey cada uno por intervalo de unos años. Una protolegislatura.

Sin embargo, como en toda tragedia griega algo sucede. El poder se sube a la cabeza y ambos mueren asesinados por el otro. Doble K.O.

Esto deja a Antígona en una situación extrema cuando uno de sus hermanos es considerado traidor por matar al rey vigente y Creonte - el nuevo rey por falta de descendencia real- impone que este no sea enterrado y sirva de comida para los carroñeros.

Antígona, primera heroína femenina de la literatura universal y mujer de principios férreos irá a dar sepultura a su hermano y será apresada.¿Por qué? Porque ella cree que es un deber para los ciudadanos el rebelarse contra las leyes injustas.

Cuando nuestra protagonista se ve cara a cara con Creonte comienza una discusión que bien podría ser interpretada en nuestros días.

Antígona luchará contra una ley impuesta por el rey sin consultar al pueblo (todo esto en la patria histórica de la democracia) Aceptará su condena a muerte, pero no sin antes cuestionar -junto a Hémon (hijo de Creonte y prometido de Antígona) la validez de ésta.

En este punto, Sofocles formula una pregunta universal en boca de nuestra heroína sobre el caciquismo, la hipocresía y la injusticia:
"¿Qué prueba de fuerza es matar de nuevo al que está muerto?".

El lector se pone de parte de Antígona que -¿la primera feminista de la literatura universal?- que antes ya había discutido con su hermana. Ismene, menos guerrera, que no cuestiona en ningún momento el poder establecido e intenta detenerla.

"El obrar por encima de nuestras posibilidades no tiene ningún sentido"
"Nos mandan los que tienen más poder , de suerte que tenemos que obedecer"

Una conversación escrita hace 25 siglos -que se dice pronto- pero que bien podría darse en una reunión familiar donde unos padre conciliadores intentan que su hijo no vaya a la manifestación convocada o acate lo que establishment rige.

Estos padres se apoyan en lo que ellos creen que es lo normal. En palabras de Creonte:
"Las cosas son así y no se pueden cuestionar"

Sin embargo, Ántigona sigue erre que erre y no se deja intimidar y defiende sus acciones ante el sistema injusto:

"Así que deja que yo y la locura, que es solo mia, corramos este peligro".

Y no es le única, ya que su prometido, Hémon recuerda a su padre lo honesto que fue antes de ser rey y como defendió al pueblo -en 'Edipo Rey'- ante las adversidades. La frase nos recuerda a alguno de nuestros gobernantes actuales (y las famosas puertas giratorias).

"Ninguna institución ha surgido peor para el hombre que el dinero"

La obra termina con una llamada a la cordura
"La cordura es con mucho el primer paso de la felicidad. [...] Las palabras arrogantes de los que se jactan en exceso, tras devolverles en pago grandes golpes, les enseñan en la vejez la cordura"


miércoles, 1 de marzo de 2017

El Portugal del miedo, de la lucha y de la buena literatura (Reseña de 'Sostiene Pereira', de Antonio Tabucchi)

Luis Royo Antín (@luisroyoantin)

Hace unos años, tras disfrutar de un breve viaje a Portugal, me hice la siguiente pregunta: ¿qué sabemos de nuestro compañero de península? La respuesta la busqué en mí mismo, y no puede más que avergonzarme de mi desconocimiento sobre un país cuya capital dista de Madrid poco más de cinco horas de viaje en coche. Lo lamentable es que estoy seguro de que no soy el único ignorante. Si ahora mismo hiciésemos una encuesta por la calle sobre nombres de presidentes, poca gente dudaría en los casos de Grecia o Venezuela, pero ¿qué pasaría en el de Portugal? También deberíamos preguntarnos cuántas películas hemos visto producidas por nuestro vecino del oeste, frente a las que sí conocemos de factura francesa o italiana; o cuántas obras literarias portuguesas podríamos nombrar, al margen de novelas de Saramago y algún poema de Pessoa

'Sostiene Pereira'
Autor: Antonio Tabucchi
Editorial: Anagrama
Desde esa mirada altiva y prepotente hacia Portugal tan frecuente en nuestro país, la mayoría de españoles también ignoramos buena parte de su pasado, incluso del más inmediato. Como explica el historiador Julián Casanova, el siglo XX portugués es un gran desconocido en España, a pesar de que ellos al igual que nosotros, tras una república, vivieron una larga dictadura.

De entre todas las etapas de ese sistema totalitario, Antonio Tabucchi eligió para su novela Sostiene Pereira el 1938, año en el que Salazar ocupaba el poder en el país mientras en España tenía lugar la Guerra Civil. Tabucchi también escogió un personaje que encaja perfectamente en ese tiempo: el periodista Pereira, un hombre que nos conduce a una época de miedo, censura en los medios de comunicación, violencia hacia determinados colectivos, chivatos, confidentes, culto a los intelectuales del bando vencedor y desprecio a los que discrepan. Todo esto, que nos suena de algo, copa el entorno amenazante en el que transcurre la trama de la novela. 

Los personajes también nos evocan la historia de nuestro país. En las primeras páginas, Pereira es un hombre sin conciencia política que no molesta al régimen. Su vida se limita a recordar a la mujer que compartió su vida antes de fallecer y a dirigir una, a priori, inofensiva sección cultural en un diario afín al poder del dictador Salazar. Pereira bebe limonadas en su bar favorito, le habla todos los días a una fotografía de su difunta esposa y planifica contenidos para su periódico sin despertar alarmas, hasta que se cruza en su vida Monteiro Rossi, un activista que colabora con una red de reclutamiento de luchadores del bando republicano en España y que aspira a publicar artículos con un marcado tono antifascista en la sección cultural que dirige el protagonista. Desde ese momento, Pereira abandona su pasotismo de forma inconsciente. De hecho, llega a experimentar sensaciones extrañas para él y a preguntarse qué le ha hecho pasar a colaborar con Rossi y con otros jóvenes críticos con el régimen que también han logrado agitar la vida tan monótona que llevaba antes. 

Sostiene Pereira es un homenaje a los que lo dieron todo luchando contra los totalitarismos, a los que hicieron pocas acciones pero igualmente memorables y a todos los que sufrieron el miedo de los tiranos en sus propias carnes. La novela podría quedarse en eso, en un mero homenaje, pero en términos literarios es magistral. Los personajes son tan perfectos que darían para escribir otros sostienes con todos ellos. Un buen ejemplo es la portera de la redacción de Pereira, una mujer arisca que literalmente apesta a fritanga y que, como si ese olor ya revelara algo, tiene vínculos estrechos con la dictadura. En cuanto al estilo narrativo, la historia destaca por su sencillez en el uso del lenguaje y por su economía, ya que no sobran ni escenas ni diálogos.

En definitiva, tras leer las poco menos de doscientas página de la novela, he tenido la sensación de que, además de curar parte de mi ignorancia sobre la historia portuguesa, Tabucchi logró algo que me produce un placer sobrehumano como lector: una novela corta y de precisión. 
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